Aula abierta a las TI’s Escolarización vs Educación

educarseAhora que da inicio un nuevo ciclo en la universidad se torna pertinente discutir nuevamente, y con la finalidad de clarificar solamente, lo que uno hace dentro del aula. Y si se pretende que el aula sea abierta a las Tecnologías de la Información (TI’s), es aún más importante que tengamos claros los ejes de la enseñanza pues el volúmen de información que transita dentro del aula es enorme, además de variada y proveniente de fuentes muy diversas. Es fácil así perder el camino.
Entonces, pongamos sobre la mesa esa pregunta que da sentido a todo y cuya respuesta es dada por supuesta y entendida por todos y no al mismo tiempo, pero que, aún así, suele caer como plomo en los ámbitos educativos: ¿Por qué estamos aquí reunidos? es decir, ¿para qué son las universidades?

Lo primero que requerimos para abordar semejante cuestión es tener claro que escolarización no es, de ninguna manera, sinónimo de educación. Aunque afirmar esto nos aparece como una trivialidad, lo es sólo en apariencia. La escolarización es una actividad limitada que se sitúa en la categoría de medios. Esto es, matricularse a materias, asistir a un “campus” a tomar clases y contar con una biblioteca, son sólo recursos con los que se pretende detonar procesos de aprendizaje en la comunidad universitaria. La escolarización se centra en los “cómo” y provee a los estudiantes de herramental teórico y práctico con los que pueden construírse una vida.
Mientras que, por otro lado, la educación es una actividad ilimitada y contínua en el tiempo de vida de las personas. Tiene que ver más con integrar la información de modo significativo en la visión de las personas de un modo tal que ésta tenga sentido. Y el sentido tiene que ver, a su vez, con articular cabalmente lo que es con lo que fue y con lo que será. Esto es, habilitarse en la percepción de lo que acontece, tener claridad en lo que es. Habilitarse en la conformación mental del presente y donde se distinga con claridad la presencia de lo que fue . Finalmente, habilitarse para caer en cuenta de que las circunstancias del presente son, a su vez, campo de oportunidades para lo que será. El propósito de que así sea es lograr que los individuos puedan entenderse a sí mismos como depositarios de tradiciones y conocimientos generados por otros al mismo tiempo que agentes de cambio, de nuevas propuestas y acciones que contribuyan a un porvenir social e individual. Educarse es, pues, encontrar las razones para continuar educándose para darnos una finalidad con sentido. En suma, hablar de educación es entenderla en la categoría de fines. Encontrar razones para vivir.

Y si esto es así y el aula se percibe aún como centro neurálgico del aprendizaje, vale preguntarse el rol que juega como supuesto gozne en el que se articulan escolarización y educación. El aula tradicional, siendo un entorno cerrado posibilita un manejo más controlado de la información pues se encuentra restringida a la temática del día y a la selección del profesor. Tiene como bondades el ser un ejercicio mucho más enfocado, casi como mirar con una lupa, lo cual trae beneficios asociados en cuanto que facilidad para la apropiación de medios. Sean estos herramientas metodológicas, claves conceptuales o conocimiento de miradas específicas en torno a una temática. En suma, el aula cerrada es propicia para la adquisición de técnicas y su ventaja radica en hacer eficaces y eficientes esos procesos. Funcionalidad y velocidad sería lo que se logra. Los alumnos aprenden lo que necesitan para operar cabalmente como profesionales en una sociedad y además lo hacen rápidamente. Nada despreciable cuando lo que se quiere es obtener técnicos especializados que puedan insertarse laboralmente en la sociedad. Sin duda, el aula cerrada es un mecanismo útil cuando de construírse una vida se trata. Por eso quizás, y por el enorme impacto que esto genera en el terreno social, es una visión aún de extrema importancia. Tanta, que en nuestros días se utilizan los recursos tecnológicos e informáticos para expandir su alcance. Se traduce esto en una ola de choque enorme que abarca toda la sociedad a través de lo que se ha venido a llamar “cursos en línea” y que acarrea enormes beneficios sociales por su practicidad, dada su deslocalización.

Pero no nos equivoquemos. A pesar de sus enormes beneficios, los cursos en línea no son un equivalente del aula abierta a las TI’s. La inclusión de tecnologías en los sistemas universitarios para ampliar su horizonte de captación de alumnos o, visto alrevés, de ampliar el horizonte de alcance de oferta de sus programas, es llevar a grado de “global” la escolarización, la adquisición de medios, de herramientas, más no necesariamente educación. Responde más bien a un movimiento de adaptación respecto del mercado educativo que permite a las instituciones educativas competir, y sobrevivir, al adecuarse a las exigencias del mercado y tendencias educativas y de profesionalización. Permite también a los alumnos ampliar su gama de oportunidades de escolarización, cuestión nada despreciable. Todo esto indica una fuerte tendencia a lo operativo, al valor que se le asigna actualmente a la construcción social a través del conocimiento y del uso de diferentes técnicas y tecnologías. No está mal, en mi opinión, pero pienso que si bien es suficiente para escolarizar, no lo sea quizás para educar.

educarse2Pero entonces, ¿Representa el aula abierta a las TI’s una opción diferente? Como apuesta personal, me parece que si. En el aula abierta a las TI’s confluyen tanto la avalancha de información a la que hoy estamos expuestos, como la relación alumno-profesor. No obstante, esta relación posee sus propias exigencias pues abrir el aula a la información requiere de complejas modificaciones en los roles, especialmente en el de profesor. La figura del profesor como eje erudito y fuente de información deja de existir para trasladarse a una condición más exigente: Si bien se espera un cierto grado de erudición en el ámbito sobre el cual imparte clase, puede resultar aún más importante su habilidad para ayudar no sólo a adquirir las herramientas teóricas y prácticas para controlar el flujo de información sino que, además, ayude a darle un sentido a la misma. Este último punto requiere de una condición espinoza, y que es la necesidad de que el profesor se “exponga” como persona a sus alumnos a modo de “muestra” de integración de saberes en su experiencia de vida que, amén de su obligado carácter de individuo destacado en el entorno profesional, ha logrado dar sentido a su vida personal y social. Es decir, la actividad fundamental del profesor, su presencia y acciones en el aula se encaminan a contribuír no sólo a la adquisición de medios que exige la sociedad a través de la escolarización sino que se requiere de él que contribuya en algo mucho más hondo, a saber: ayudar con sus saberes y su mayor experiencia a integrar la información con un cierto sentido.
El aula abierta a las TI’s parece requerir de profesorado no sólo altamente versado en su área de especialidad sino que, además, sean sujetos capaces de interactuar con sus alumnos de un modo más cercano; ergo, su personalidad se torna relevante. De allí la lógica del “mentor”. Puedo entender que esto sea una pesadilla para las instituciones pues destruye todas las facilidades administrativas para la selección del profesorado y añade al perfil de profesor aspectos de ninguna manera fáciles de parametrizar. Sin embargo, creo que es lograble a través del tiempo. Así, la figura del “profesor” rompe con el carácter de “sustituíble con facilidad” y fractura la selección basada sólo en méritos académicos y profesionales. Pero, en defensa de la importancia de esta cuestión, asumir que la personalidad del profesor es relevante para el proceso de enseñanza-aprendizaje que aspire realmente a educar, diré que es justamente lo que parece no poder ofrecer la tecnología por sí misma ni la estructura administrativa de la escolarización pero que si puede ser logrado por la presencia física de un profesor a través de sus actitudes, fluidez en el diálogo y mayor experiencia. Esto es, la figura de profesor en un aula abierta a las TI’s puede, y debe, añadir al esfuerzo de construcción de vida de los alumnos, la posibilidad de coadyuvar a darle sentido a su educación. Es pues la figura del mentor llevada a la condición de profesor, y no la tecnología, la que parece articular de mejor modo escolarización y educación.

 

aula5Esto me lleva a pensar que si bien la enseñanza escolarizada, que ofrece medios, debe centrarse en el alumnado para fomentar la construcción de su vida, la educación por su parte, no sólo no elimina la presencia y figura del profesor sino que la fortalece, pues será una persona la que ayude a dar sentido a los conocimientos y a la vida de otras personas. Nada puede hacer mejor a un profesor en un aula abierta a las TI’s que ser capaz de despertar el hambre de saberes con sentido a sus alumnos. Un profesor, en nuestros días de super alta tecnología, será quien mejor estimule y encamine a sus alumnos para que encuentren buenas razones y motivos para educarse y no dejar de hacerlo.

Manejo de la información en un aula abierta a las TI

 Incorporar tecnologías de la información (TI) en el aula, en nuestros días, se refiere a algo mucho más complejo que utilizar laptop y cañón para mostrar filminas o películas. No se trata simplemente de presentar mayor información de modo visual y sustituir en parte el uso del pizarrón. Se trata, más bien, de cambiar la lógica con la que se opera dentro del aula, de modificar notablemente el modo de relación entre maestros y alumnado, de reasignar el juego de roles, lo que sucede como actividad dentro del aula y lo que se produce en ella.

Hace ya muchos años, los suficientes como para remontarme a mi época de estudiante universitario, la dificultad era encontrar suficiente información en torno a los temas que a uno le interesaban. Si bien existía ya una cierta abundancia de información, la mayoría era impresa y dependíamos notablemente de la selección que se hacía en nuestra biblioteca. Contábamos además con recursos de informática, quien recuerde las búsquedas en TELNET sabrá de lo que hablo. Parte de las habilidades que se potenciaban en ese entonces en los estudiantes, tenían que ver con seleccionar las búsquedas con la mayor precisión posible, jerarquizar la información y ordenarla cabalmente. En un segundo momento, se potenciaban habilidades metodológicas para extraer hasta la última gota de información valiosa de los documentos recabados, que solían no ser muchos y porque se esperaba maximizar el uso de la información de que disponíamos. Y en un un tercer momentos, se deseaban habilidades que llevaran a los estudiantes no sólo a utilizar dicha información sino además a proponer un uso novedoso de la misma.

Hoy día, las cosas parecen haber cambiado bastante pues las mejoras en las tecnologías de nuestros dispositivos de comunicación han dado saltos que maravillarían a cualquiera. Esto se traduce en un acceso casi inmediato a una amplísima red de información, en la cual, podemos encontrar con cierta facilidad lo que busquemos al nivel que queramos. Dos son pues los cambios a notar: Por un lado el acceso a casi cualquier información que podamos necesitar y, por otro lado, la velocidad con la que podemos acceder a esa información, que podríamos llamar inmediatez para fines prácticos.

Sin embargo, ¡Sorpresa! Las habilidades que buscamos desarrollar en nuestros alumnos, respecto del manejo de información no han cambiado, prácticamente, un ápice. Los tres momentos que mencioné arriba continúan plenamente vigentes. Lo que cambia no son la habilidades a trabajar sino dos cuestiones respecto de ellas: Por un lado, se torna evidente la necesidad de herramental analítico pues se pasa de herramientas que operan el la lógica del lenguaje, sobre textos, a la necesidad de añadir o ampliar herramientas que operen también sobre medios visuales y auditivos y, por otro lado, la actitudes que tenemos frente a la información.
Esto es, lo que ha generado la facilidad de acceso a la información y la sobreabundancia de la misma es una sensación de falsa erudición, de “problema resuelto”. Parece que el hecho mismo de tener la información tan a la mano induce a una percepción que tiene que ver con creer que las respuestas que buscamos ya se encuentran allí y que entonces podemos pasar a lo que siga. Ergo, un problema de actitud.
La necesidad de encontrar información pertinente y valiosa, discriminarla a propósito del problema que tengamos que resolver, analizarla y extraer ordenadamente los contenidos cognitivos que necesitemos, siguen allí, como siempre. Cambia solamente el volúmen de la información a manejar, aumenta el herramental analítico con la que se escrutine y el tiempo en encontrarla.

No se puede decir con esto que lo que se espera de los alumnos de hoy sean radicalmente distintos de lo que se esperaba antaño. Pero entonces, ¿En qué cambia esto la forma de trabajar en el aula? y ¿En qué incide esto en esa actividad que llamamos educación?

Las habilidades que intentamos potenciar parecen no ser tan distintas que las que anteriormente se deseaban en los estudiantes. Lo que va a cambia notablemente es más bien el modo de intencionar dichas habilidades pues incluir las TI’s en el aula abre la oportunidad de trabajar con una enorme variedad de información y modos de operar sobre ella. Esto, de suyo, es ya una enorme diferencia y tiene fuertes repercusiones en el modo de trabajar en el aula.

Me parece sensato que, frente a la “avalancha” de información que es posible obtener dentro del aula se siga una especial actitud. Romper con la sensación de erudición lleva a asumir una postura crítica frente a la información que nos permita discriminarla y valorarla en función de la pertinencia, por lo que se hace necesario el esfuerzo conciente para no suplantar el eje de “lo pertinente” con el de “lo “interesante”. Para ayudar en esto, es una buena idea asumir, como sugiere Clay Johnson en The Information Diet: A Case for Conscious Consumption, una visión similar a la conciencia que hemos logrado con los alimentos que consumimos. Esto es, para la sociedad actual y teniendo a la salud como un valor predominante, la claridad en torno a los alimentos que uno consume se ha hecho ya un hábito que tiene el propósito de limitar nuestro consumo a la exigencia de salud que deseamos alcanzar. Así pues, y del mismo modo, si nos concientizamos de la “cantidad” de información que consumimos diariamente, podremos percatarnos de la información que consumimos pero que no representa ningún significado especial para nosotros, ningún sentido a nuestras metas o que simplemente fue “ingerido” como producto del impulso por lo “interesante” pero inútil. En suma, se hace necesario habilitarnos en la conciencia de la “información chatarra” que consumimos y trasladarnos paulatinamente hacia la selección de información pertinente a nuestras necesidades, intereses y contextos particulares.

Una segunda cuestión a considerar es que al incluir las TI’s en el aula se las lleva a un nivel similar a los cursos en línea, pero no idéntica. La información se provee desde la red pero con una diferencia importante, se mantiene vigente una atención personalizada, cercana, que posibilita discutir en el momento sobre lo que se trabaja además de que es posible rebasar con mayor facilidad la atención centrada en la información y alcanzar aspectos de la personalidad, en concreto el manejo de valores y sentidos. Esto, se convierte en un extra relevante que sólo se alcanza, al parecer, con la enseñanza in vivo y que contribuye a una integración de de los saberes en la vida profesional del individuoy a los modos de asignarles valor y sentido. Así pues, mientras las universidades hacen apuestas educativas, sin duda valiosas, dentro de un marco de competencia de mercado como se aprecia en el artículo de The Economist, existe también la posibilidad de integrar, sin competir con lo anterior, de una tercera vía, lo mejor de dos mundo: el aula física y el poder de las TI’s para el manejo de la información. Sin embargo, pensar en un aula abierta a las TI’s presenta ciertas exigencias específicas y, una de ellas al menos, presenta un reto singular: la necesaria modificación de los roles tradicionales de “maestro” y “alumno”.

Por un lado, el “maestro” pasa de ser una fuente y compendio de información a una suerte de “mentor” o guía que se basa tanto en su experiencia y conocimientos traducidos en saberes ya integrados como en el “faro” que guía a los navegantes en ese mar de información. El maestro, pues, pierde esa “sana” distancia con sus alumnos para convertirse en algo parecido a un colega más aventajado, de allí la imágen del mentor. El maestro guía pero desde la misma altura que sus estudiantes, se mezcla con ellos, se reúne con los equipos, discute de modo particular con cada uno de ellos deacuerdo a los problemas específicos que se presentan en cada grupo de trabajo colaborativo. El maestro lo será, no sólo del grupo en cuanto que conjunto administrativo sino de cada uno de sus alumnos en cuanto que individualidades. El pizarrón se torna en terreno común para las ideas, señalar problemas, trasladar información de unos a otros, etc. cobra una dinámica más plástica. Un gran reto, sin duda.

A su vez, los alumnos se “hacen cargo” de la necesidad de participación activa de modo necesario pues no existe una “compra” y “venta” de conocimientos sino problemas a resolver, actividades por realizar y resultados a mostrar. Esto le exige un gran dinamismo y lo fuerza a buscar optimizar sus procesos y actividades, a discriminar, ordenar, jerarquizar etc. Romper la barrera del “profe” le permite un acercamiento más directo, más de tú a tú y las inquietudes fluyen con más facilidad así. Les exige también un dominio técnico sobre los dispositivos de acceso y manejo de la información, de los sistemas de búsqueda y de los recursos para trasladar, compartir y procesar la información. También un gran reto.

Con estos nuevos roles que se requieren para un aula abierta a las TI’s, no es sencillo sostener la postura autoritaria que antaño podían mantener los profesores, cómoda por cierto, y los fuerza a buscar ser identificados como autoridad en el tema. La diferencia estriba en que ser autoritarios implica un poder especial con el que se “fuerza” al alumnado para guiarlo y donde el único criterio, a final de cuentas, es el del profesor. Bajo el esquema de convertirse en autoridad, ésta no es dada por la institución solamente sino por los mismos alumnos pues la autoridad es conferida desde abajo, del alumnado, para dejar que se ejerza el poder de guía por parte del profesor. Esto tiene serias implicaciones para el modo tradicional de enseñanza universitaria pues obliga a los profesores a “mostrarse”, no como sabelotodos sino como personas capaces de guiar a otros en la integración de ciertos saberes. Aquí, romper las “vanidades” típicas de la erudición es crucial y difícil de lograr pues implica un importante cambio en las actitudes donde los rasgos de la personalidad tienen algo que decir. El profesor, se “deja tocar” como persona y esa disposición no siempre es fácil de lograr. Tampoco es sencillo sostener la postura pasiva del estudiante, también cómoda por relegar la responsabilidad de su aprendizaje al profesor. El éxito o fracaso en la asignatura dependerá exclusivamente del alumno y esto, implica buscar los conocimientos y la ayuda para integrarlos como saberes.

Bien, pues hasta aquí estas reflexiones, ya veremos a qué nos lleva el siguiente post.

La educación institucionalizada es, en parte, un Show Business

Como profesor, me encuentro siempre a la búsqueda de mejores modos de enseñar. Si bien siempre ha sido dificil innovar en el ámbito educativo, en nuestros días y con la aparición de las tecnologías de la información (TI) pareciera que de golpe se han abierto muchas posibilidades para explorar la manera en la que nuestros estudiantes aprenden. Me parece incuestionable que los modos en los que aprendemos han variado notablemente con estas nuevas tecnologías, y que también sesgan de algún modo los aprendizajes.

Práctica fuera del aula en la universidad. Muchos elementos contribuyen a forjar mejores profesionales.
Práctica fuera del aula en la universidad.

Dos situaciones son particularmente notables como efecto de la incorporación de las TI al aula: La primera tiene que ver con el esfuerzo por insertar, y dar coherencia, la cultura visual de nuestros días en el manejo de la información por parte de los universitarios en cuanto que profesionales en formación. Esto es lo que abordaré en este post. La segunda, se refiere al manejo y uso de la información a través de las TI y lo abordaré en el siguiente post.

Lo siguiente seguramente no sonará del gusto de quienes trabajan en la educación, pero me parece que incluir la cultura visual y las TI en la docencia implica, en buena medida, verse a uno mismo como parte del “show-biz”, es decir, como parte del mundo de los negocios del espectáculo. La afirmación anterior no significa restarle importancia a la docencia ni a los procesos de enseñanza-aprendizaje, así como tampoco a la rigurosidad en el manejo conceptual y uso de metodologías. No obstante, puede resultar poco confortable su aceptación y adopción para maestr@s y profesor@s pues exige erosionar algunas vanidades existentes en el mundillo de la educación. Implica destruir esa tan agradable postura “erudita” del profesorado para convertirlos no sólo en en conocedores a profundidad de ciertós tópicos sino en investigadores activos en el uso de esos conocimientos y, aún más allá, del impacto que causan dichos conocimientos en un entorno sociocultural tan cambiante.

Ejercicios novedosos
Ejercicios novedosos

Por ello, incursionar en el “show-biz” tiene que ver con la generación de materiales de estudio y reflexión, uso de blogs, páginas web, video, materiales audiovisuales, etc. En otros términos, Incluir las TI’s implica “salirse” del aula, participar activamente en la sociedad en el ámbito que se enseña, buscar incidencia real en la sociedad más allá de las seguridades de un cubículo a resguardo institucional. Para ello, el profesor necesita “mostrarse” al mundo. Lo anterior, muestra al profesorado ciertamente como “vulnerable” pero con amplias herramientas cognitivas y actitudinales así como poseedor de saberes que pueden ser tanto útiles como transferibles. Adiós a la perspectiva del “erudito” sabelotodo pero un tanto irreal. Entrar en el “show-biz” educativo es mostrarse como alguien que posee ideas innovadoras, busca incidencia real, comete errores y aprende de ellos, defiende posturas, posee un compendio de conocimientos y experiencias que le sirven de plataforma. En suma, alguien que puede ser emulado, un modelo de vida profesional alcanzable para los estudiantes dedicados.

Uno de los problemas centrales en el ejercicio educativo es atraer la atención de los estudiantes a lo que uno quiere que se aprenda. Si bien es cierto que algunos estudiantes se encuentran suficientemente motivados para ello y que a su vez son concientes de la relevancia de lo que han de aprender, es un puro mito suponer que la mayoría de los estudiantes lo están. No es sólo un asunto de identificar la pertinencia de los contenidos a manejar sino que además se requiere de una cierta actitud para aprehender los contenidos e integrarlos de modo significativo. Dicho de otra manera, la cuestión para los profesores es cómo lograr esa “seducción” intelectual que se requiere. Es aquí donde la incorporación de medios más visuales y las Ti pueden contribuir de modo relevante. La propuesta de asumir una perspectiva del tipo show-biz es lanzar al los profesores a una interacción activa y constante con el mundo de su ámbito profesional a través de los mismos medios que utilizan los estudiantes para capturar y ayudarse a procesar la información.

El aula se abre al mundoSe trata entonces, no de buscar cambiar a nuestros estudiantes. Ellos viven el mundo tal cual les llega. De lo que se trata es de cambiar la perspectiva de nuestros profesores. Convertirlos en una parte activa y sapiente del ejercicio profesional en este mundo, tal cual es. Sea para buscar cambiarlo, mejorarlo, depurarlo o lo que sea la meta a lograr, pero, como un ejercicio real de actividad intelectual bien enlazada con las actividades prácticas. Visto de este modo, creo que participar activamente como profesor significa participación en la generación de información, de promocionar de ciertos saberes y sus consecuencias una vez convertidos en ejercicio de articulación de prácticas en la sociedad, incursionar activamente en el mundo. Entrar, pues, en el “show-biz”.

Aula tradicional vs aula abierta a la información 1

Plantear un aula en la que se incluyen las tecnologías de información como herramientas de trabajo, implica tomar en cuenta varias consideraciones en torno al manejo de la información durante una clase, sobre la dinámicas que establecen la interacción entre profesores y alumnos así como la generadas de alumno a alumnos. Como punto de partida, presentaré primero las generalidades del aula tradicional.

En este tipo de aula, el aula tradicional, la información fluye en su mayoría, desde el profesor hacia los alumnos. Se espera que los últimos procesen la información y así den seguimiento a la elaboración que hace el profesor en su exposición. El profesor hace uso de diversos métodos para transmitir la información, y actualmente se utilizan los recursos tecnológicos como computadoras y proyectores para lograr ese propósito.

Algunas cuestiones surgen aquí:

  1. El profesor continúa siendo el eje en torno al cual gira la información pues es él quien la selecciona, organiza y presenta. Es la “fuente” de la cual provienen los contenidos cognitivos.
  2. Los recursos tecnológicos se convierte en una suerte de “ampliación” del pizarrón con los cuales se busca ganar una mayor claridad en la exposición por incluír elementos visuales como animaciones y gráficos. No obstante, si bien ese propósito se cumple, la mecánica de la clase continua siendo la misma que el puro trabajo de pizarrón: los alumnos atienden (pasivos) y el profesor expone (activo). Los roles son claros, transmisor y receptores.
  3. El aprendizaje significativo, colaborativo y constructivo se basa comunmente en la resolución de problemas en los que existe una solución esperada. De este modo, los alumnos deben “operar” los contenidos cognitivos de un modo singular y, con ello, aprenden mientras se adaptan al sistema.
  4. La evaluación está en manos del profesor, donde el error es penalizado como una falla conceptual o práctica y se asume como indicador de incomprensión.
  5. El aula es local, esto es, cerrada al mundo con límites muy precisos: la información suministrada para ese día.
El aula tradicional favorece la homogeneidad. Provoca aprendizajes similares, lo cual es deseable para los profesionales que manejan contenidos congitivos de orden técnico donde frente a problemas similares se encuentran soluciones similares. Sin embargo, la creatividad corre el riesgo de ser minimizada.

Los puntos mencionados arriba tienen dos factores en común: El primero es que el flujo de la información es idéntico con el uso de tecnología que sin ella. Lo cual pone de relieve que si bien su uso puede contribuir a ganar claridad, no necesariamente ofrece ninguna otra ventaja y, por lo mismo, tanto el aprendizaje significativo como los mecanismos de evaluación son los mismos. Y, segundo, la epistemología continúa centrada en textos, sigue siendo “tipográfica”. De tal suerte, que la utilización de los recursos de tecnología de la información deviene en un pensar de la misma manera que como se hacía cuando no se usaban dichos recursos. No provoca el traslado a una epistemología centrada en medios de comunicación actuales (audio, video, textos, redes sociales, etc.).

Sobre esto, ahondaré en el siguiente post, en el cual exploraré tanto el significado como las implicaciones de proponer un aula abierta a la información.

Educación universitaria y Tecnologías de la Información

 Propter necessitatem illicitum efficitur licitum
«Por necesidad, lo ilícito se hace lícito». Principio jurídico

Abro este nuevo blog por una sencilla razón: El ejercicio docente cambia notablemente en nuestras aulas universitarias conforme aparecen, y se incorporan, nuevas tecnologías a los procesos de enseñanza-aprendizaje.

No cabe duda de que el pizarrón continúa mostrándose como una herramienta de gran utilidad para el profesor(a), y que ahora con la adición de laptop+cañon de proyección se ha ganado cierta ventaja en la manera en la que se presenta la información. Sin embargo, nos encontramos frente a un hecho sin precedentes, me refiero a la masificación del uso de tablets, laptops y teléfonos celulares inteligentes por parte de los alumnos, además del profesor. Esta condición provoca que el flujo de información dentro del aula sea radicalmente diferente.

Alumnos en trabajo colaborativo: construyen propuestas de solución. La información fluye de modo horizontal.

Anteriormente, se puede afirmar con cierto grado de certidumbre que, independientemente de abordar una visión constructiva del conocimiento desde diversas miradas metodológicas, la información fluía desde el profesor, sus objetivos, materiales y conocimientos, hacia sus alumnos. La esperanza de lograr aprendizaje se centraba en ofrecer una serie de tareas a cumplir y acercar los recursos para ello. Esto es, quizá, la práctica común de los docentes. Los medios para acercar los contenidos giraban en torno a la exposición por parte del profesor y su capacidad para utilizar los dispositivos que presentan la información. Esto obligaba a los alumnos a centrar su atención en la exposición y comprensión de la información recibida más que en la búsqueda autónoma de recursos cognitivos y metodológicos así como en una exploración de soluciones posibles.

De ello se desprende un problema pues aunque en la teoría el aprendizaje se centra en el alumnado, la fuente de la información continua en manos del profesor. Se puede entender un cierto rechazo entonces a contar con medios de comunicación dentro del aula que no sean “gobernados” por el docente y de allí la “prohibición” para utilizar otras fuentes de información. Pero, con el advenimiento y masificación de los dispositivos de comunicación, su conexión a internet y el sencillo uso de las diversas redes sociales, es factible que el alumno goce, de modo casi instantáneo, de información más extensa y detallada que lo que se le ofrece momentáneamente dentro del aula. Esta situación obliga a capitalizar estos recursos como promotores del aprendizaje pero, implica asumir que los roles de alumnos y profesores cambie de algún modo pues la información fluye no sólo de profesor a alumnos sino entre ellos, de modo profuso y constante.

Abrir el aula a los dispositivos de comunicación, permitir su incorporación a modo de herramientas para favorecer el aprendizaje es un reto que estamos por abordar en las aulas universitarias. Este blog nace con ese propósito, explorar los roles

Alumnos en clase y trabajo colaborativo.

de alumnos y maestros, la búsqueda por redimensionar el aprendizaje por trabajo colaborativo, las posibilidades que abren los nuevos medios a la construcción del aprendizaje significativo así como la reflexión en torno al sentido del aula universitaria en un contexto que en lugar de bloquear los dispositivos, los utiliza como parte del proceso educativo.

Claro que, si bien lo que aquí plasmo son reflexiones y opiniones personales basadas en mi experiencia como docente, está abierta a todos aquellos interesados en replantearse el quehacer de las universidades y su profesorado frente a un mundo abierto a la información.