Educación Infoxicada

infoxicacion Aprecio notablemente el uso de las TIC’s en los entornos educativos por varias razones. El sólo hecho de acercar la información requerida por estudiantes y maestros en el momento en el que se desea consultarla es ya una ventaja. Poder comparar lo que otros han hecho con esa misma información, compartirla de modo inmediato y convertirla en puente para el trabajo colaborativo en redes no es poca cosa. Indudablemente todo esto representa grandes ventajas en los procesos de enseñanza-aprendizaje.

Hay, sin embargo, dos problemas que hemos de resolver antes de celebrar la incorporación de tecnologías tan poderosas en la educación. La primera tiene que ver con nuestra capacidad para apropiarnos del conocimiento, ese ejercicio de interiorizarlo y hacerlo formar parte no sólo de nuestro equipaje cultural sino del herramiental disponible cuando realizamos nuestras tareas. La segunda tiene que ver con nuestro ejercicio de valoración del conocimiento aprendido cuando hemos de situarlo dentro de un contexto y horizonte específico que le de sentido. Reflexionemos en torno a estos dos problemas.

La información, por sí misma, puede no convertirse en conocimiento, aunque lo represente, y es aquí donde encontramos el meollo del asunto. Para que se convierta en conocimiento, la información ha de ser procesada por quien pretende aprender algo de ella. Este proceso de interiorización de la información no es otra cosa más que darle significado, esto es, integrarla de algún modo como parte de nuestra experiencia vital y convertirla en recurso, en mirada, en operación metodológica, etc. Con ello, podemos decir que nos hemos apropiado de un conocimiento.

Ahora bien, apropiarnos del conocimiento requiere tiempo puesto que nuestros procesos mentales ordenan, significan, clasifican y realizan todavía más operaciones con la información que estamos procesando para convertirla así en conocimiento. Esto nos fuerza a pensar que si bien nuestra capacidad para aprender es muy amplia, tiene límites, puesto que no podemos aprender todo de golpe sin mediación de tiempo. No me refiero aquí al cuánto nos sea posible aprender sino a nuestra capacidad para integrar la información como conocimiento en un determinado tiempo.

Con las nuevas tecnologías hemos puesto a nuestro alcance de modo casi inmediato una cantidad de información que nos aparece como infinita y esto nos ha resultado un problema. Disponer de tanta información en torno al tema en el que nos encontremos inmersos puede resultar abrumador. Y es aquí donde me apoyo en el término utilizado por D. Innerarity para ilustrar esta sensación de sentir nuestra capacidad de procesamiento sobrepasada por la abundancia de información. Podemos decir que un riesgo inherente a las TIC’s es la facilidad de perder el control en nuestros accesos y uso de la información para quedar, literalmente, infoxicados. Esto es, intoxicados por la información. Tener al alcance de la mano tanta información de modo inmediato nos obliga a clarificarnos dos cosas, la manera en la que hemos de filtrar la información para recuperar aquella que sea pertinente a nuestra tarea y la actitud con la que enfrentamos esa marejada de información para no resultar ahogados por ella. Fallar en ello propicia la infoxicación. Respecto del filtrado, indudablemente requerimos de habilidades críticas que nos permitan clasificar, relacionar y jerarquizar la información, de otro modo tendremos un cúmulo de información aglutinada en nuestra mente pero sin encontrarse interconectada ni ordenada. En suma, datos sueltos que corren el riesgo de convertirse en una carga al conocimiento en vez de fuente del mismo por la posibilidad de sumarlos a nuestra confusión en lugar de que contribuyan a nuestro esfuerzo de esclarecimiento: infoxicación. A su vez, la actitud dependerá de la claridad que tengamos sobre nuestras preguntas en torno al tema que abordamos. Esto es, si bien buscamos respuestas al buscar información, ninguna respuesta es significativa o útil si no tenemos claro lo que preguntamos. De otro modo, nuestra actitud al recabar la información será ambigua, lo que genera dificultades para discriminar la información interesante de la información pertinente. Nuevamente, teniendo como resultado una infoxicación. Para realmente aprovechar al máximo las bondades que nos ofrecen las TIC’s y lograr con su utilización una mejor apropiación del conocimiento hemos de educar en el fortalecimiento tanto de nuestros recursos críticos como en las actitudes que tomamos frente a la información antes de exponer a nuestros alumnos, y a nosotros mismos, a la sobreabundancia de información. Si algo hemos de enseñar entonces, es a sumergirse en la información sin ahogarse y convertir aquella que sea pertinente en conocimiento.

incertidumbre Abordemos ahora el tema del ejercicio de valoración en torno al conocimiento aprendido. Podemos decir que en el contexto de la sociedad actual, donde existe gran abundancia de información y en donde proliferan nuevos conocimientos cada día, asignarle valor a los conocimientos se ha vuelto un reto específico difícil de afrontar. Nos encontramos en una situación en la que hay muchos conocimientos nuevos que se hacen vigentes y otros que se convierten en obsoletos y parte del la historia del conocimiento, todo ello con una rapidez que nos dificulta mantener actualizado nuestro bagaje de información. En la práctica, la sociedad actualiza y deshecha conocimientos a tal velocidad que las dinámicas sociales cambian vertiginosamente y con la consecuencia de que es fácil terminar por asignarle mayor peso a las relaciones entre conocimientos que a los conocimientos mismos. Esto, con la finalidad de encontrar una suerte de estabilidad o al menos condiciones que nos permitan hablar de un estado estable entre los conocimientos a pesar que de que los conocimientos en sí varíen en esa relación, por lo que su valor, el de los conocimientos, fluctúa como en una especie de “bolsa de valores cognitivos” sujetos al deseo y capricho social. Si a esta volatilidad en el valor de los conocimientos le añadimos esta fuertísima tendencia que tenemos de favorecer los conocimientos técnicos especializados, tendremos lo que se señala en el escrito Educar para las incertidubres, donde se pone sobre la mesa que

“La especialización y la fragmentación del conocimiento han producido un incremento de la información que va acompañado de un avance muy modesto por lo que respecta a nuestra comprensión del mundo”

En otras palabras, hemos logrado una magnífica confusión informada, por llamar a este fenómeno de alguna manera. Estamos infoxicados. Si aceptamos este hecho, podemos decir que el primero momento de la incorporación de las TIC’s a la educación, con todo y el gran entusiasmo con el que han sido recibidas, nos dio en cara. Sin embargo, nos resulta claro también su enorme potencial y que debemos superar esta etapa de infoxicación colectiva para convertir a estas herramientas en verdaderas impulsoras hacia horizontes nuevos en la educación, profesionalización y hasta en la vivencia social que sean capaces de propiciar. Son varios los retos que se nos presentan y aquí pongo de relieve solamente uno, la necesidad de poder asignar valor a nuestros conocimientos para, si fuera necesario, resignificarlos. Es entonces que, más allá del ejercicio de jerarquización de nuestros conocimientos por su utilidad práctica, enfrentamos la necesidad de valorarlos respecto del sentido que le queremos dar a nuestra condición humana y situarlos en nuestras comprensiones en torno al mundo en que vivimos.

sillas Esto nos pone en un umbral singular, parece que primero hemos de preguntarnos sobre lo que debemos enseñar más que en el cómo hacerlo. Y para que tenga sentido aquello que debamos enseñar nos vemos obligados a plantarnos con una visión de seres humanos concreta. Esto es, responder a la pregunta sobre quiénes queremos ser. Si podemos suponer que finalmente perseguimos el bienestar en cuanto que los humanos que deseamos ser, se entiende el por qué se ha planteado que es la ética la línea a seguir en el siglo XXI. De modo que, para asignar valor a nuestros conocimientos hemos de rebasar el valor utilitario directo que les hemos dado para revalorarlos desde una perspectiva mucho más amplia, el sentido que le damos a nuestra existencia como personas. Es así que, al menos uno de los elementos que debe ser prioritario en aquello que elegimos enseñar dadas las condiciones actuales, es el pensamiento ético. Puesto en términos de enseñanza, centrar la formación en la persona antes que en la profesión, con lo que cambia el énfasis en las habilidades a fomentar.

Un acercamiento en lógica de la ética que nos permita abordar tanto el problema de la apropiación del conocimiento vs la infoxicación, como el de una valoración de nuestros conocimientos que nos permita asignar lo que debe ser enseñado para educar, es la convergencia de tres miradas éticas: lo que debemos hacer, lo que queremos hacer y lo que podemos hacer. Explorar estas tres miradas, sus relaciones y oposiciones nos puede poner en ruta para esbozar lo que hemos de educar.

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Conciliar estas tres miradas es un reto nada sencillo. No obstante, entusiasma pensar que intentarlo puede derivar en nuevos planteamientos educativos, en pistas para integrar las TIC’s de modo que nos ayuden a replantear el interjuego entre conocimientos y competencias para facilitar aquello que hemos de enseñar en una educación que forme a la persona y la habilite además en la navegación eficaz y eficiente del conocimiento, valorarlo y generar una apropiación que tenga sentido dado un modo de entender nuestra condición humana y las vías con las que perseguimos comprender nuestro mundo.

 

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2 comentarios en “Educación Infoxicada

  1. Me gustan muchos sus aportaciones, pero ya hace días que no encuentro sus comentarios Ojala y nos pueda seguir enriqueciendo con sus conocimientos.

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