Necesidad de “hackear” la educación universitaria, moralidad vs transgresión

hoja A todas luces la educación universitaria contemporánea sufre de un descarrilamiento que la ha puesto en un camino de servidumbre que no le corresponde. Es indudable que el mundo de las instituciones universitarias se ve sometido a grandes presiones para mantener su vigencia no sólo en cuanto que instituciones valiosas por su ímpetu para crear nuevos conocimientos, metodologías, teorías y tecnologías, sino que, y a la par de lo anterior, permanezcan como fuente válida de formación de profesionales que puedan insertarse eficazmente en algún nicho laboral. Este nudo entre la formación profesional, la creación de nuevo conocimiento y la formación de personas éticas es un problema que no hemos podido resolver cabalmente.

La primera meta a lograr en la educación universitaria es la profesionalización, que obliga a instruir. Instrucción como ejercicio que busca habilitar a los alumnos en competencias laborales específicas que, hemos de entender, por sí mismas son moralmente conservadoras dado que la pretensión es que el futuro profesionista logre insertarse con éxito en el mundo del trabajo. Campo profesional que opera ya bajo ciertas normas, estándares y hábitos, asumiendo que la sociedad necesita de esas competencias específicas para mantener el rumbo en cuanto que sociedad. Esto, me parece, es necesario y nada desdeñable puesto que es un modo de vinculación directa que tienen las universidades con la sociedad y que a su vez les asigna un valor social particular. Además, le da sentido al esfuerzo realizado por los estudiantes que desean habilitarse en un cuerpo de conocimientos y prácticas que les faciliten su inserción social como profesionistas y asegurarse con ello un modo de sustento, prestigio o lo que sea que persigan.

La segunda meta obliga a educar, ejercicio bastante más complejo que instruir. Cuando se pretende educar, las competencias a favorecer tienen que ver más con la formación de personas que mantengan con vida las expectativas de cambio en la sociedad y que ello las impulse a investigar, proponer, crear, y cambiar. Para ello, la persona debe buscar no sólo integrar los conocimientos aprendidos en la escuela a su ejercicio profesional sino que además ha de integrar esos conocimientos a su bagaje de experiencias personales, con los que se construirá una visión del mundo, de la sociedad y dará sentido a su vida.

El problema nace cuando las universidades optan, con la finalidad de mantener su vigencia en el mercado de la educación, por privilegiar el camino de la profesionalización técnica con el propósito de inserción laboral por encima de un camino que aspire más a educar personas que sean capaces de poner en práctica conocimientos profesionales como vía de participación social. Puesto en otros términos, se invita a personas a convertirse en ingenieros, licenciados, etc. en lugar de invitarlas a formarse como personas que saben de ingeniería, o derecho o comunicación, etc. Esta elección en la meta parece ser un mecanismo de supervivencia institucional, pero, que tiene como consecuencia el colisionar moralmente con el camino de la educación en cuanto que formación de personas y que es una cuestión de carácter ético. Veamos por qué.

Casi todos los ejercicios profesionales, salvo la investigación y las profesiones de carácter más estético, persiguen apegarse a una serie de conocimientos y prácticas conforme a un paradigma normativo del ejercicio profesional. Dicho de otro modo, el ejercicio profesional por sí mismo difícilmente innovará o modificará la sociedad precisamente porque ha de apegarse a esas condiciones morales como si fueran barreras infranqueables y, más bien, perpetúa el statu quo social puesto que tienden a mantener la funcionalidad del estado actual de la sociedad con su ejercicio y así evade los riesgos de un cambio. Condición que parece ser moralmente aceptable y deseable por parte de la sociedad misma.

Por otro lado, educar en la ética con la pretensión de contribuir a formar individuos capaces de transformar la sociedad, implica formar en el riesgo más que en la seguridad, lo cual a su vez ha de llevarnos a privilegiar cierto tipo de conocimientos, habilidades y actitudes. Esto es así porque para lograr cambiar la sociedad las personas deben primero atreverse a pensarla de un modo diferente, lo cual transgrede la idea de mantener fijo el status quo social. Educar, entonces, abre necesariamente la puerta que conduce a formar profesionales que conozcan la moral de su profesión así como el valor moral que tiene en la sociedad el ejercicio de dicha profesión, pero, a la vez, esperar que por su formación, nuestros profesionales sean capaces también de transgredir algunas de esas condiciones morales tan propias de su profesión y de su ejercicio con la finalidad de modificar aspectos sociales que aparezcan como indeseables y contribuir con ello a un cambio social.

Mantener el orden moral mediante la instrucción que lleva a la profesionalización es relevante porque construye nuestra seguridad personal en un paradigma social que nos aglutina a quienes lo compartimos como miembros de la sociedad. Y en ello se han enfocado muchas de nuestras instituciones universitarias. Sin embargo, es también tarea de las mismas instituciones formar transgresores de ese orden que puedan ser capaces de proponer, innovar y crear nuevos esquemas de conocimientos y modelos de sociedad, nuevas normativas y paradigmas. Profesionales que, por saber navegar en el riesgo sin tanto temor, valoren no sólo la seguridad que provee una sociedad sino que valoren también su potencial como agentes de cambio a pesar de los riesgos.

Es por ello que, si la tendencia en las instituciones universitarias pareciera inclinarse en nuestros días hacia la moralidad profesional y la seguridad que ello implica, es trabajo de los docentes y la comunidad universitaria “hackear éticamente” nuestras universidades -programas y trabajo en el aula- con la finalidad de volver a equilibrar la balanza y que puedan así recuperarse como espacios donde se legitima el experimentar, sea con el riesgo, con las propuestas críticas de cambio, con la vinculación en el armazón social y con el sentido de vida de las personas, además de, por supuesto, cubrir la profesionalización de calidad.

 

 

Licencia Creative Commons
Necesidad de hackear la educación universitaria, moralidad vs transgresión por Marcel Salles Mora se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

3 comentarios en “Necesidad de “hackear” la educación universitaria, moralidad vs transgresión

  1. Me gusto y estoy de acuerdo con usted, la tarea del docente es ardua y hermosa a la vez, tiene en sus manos la arcilla para moldear el carácter al mundo que quiera, los que vemos el mundo como un edén procuraremos moldear el carácter hacia la felicidad, mediante el amor, la libertad, el respeto y la responsabilidad entre otros. pero hay otros mundos.
    Ojala y siempre seamos más los que estamos felices de hacer el bien..

Deja un comentario