Reflexiones en torno a la Calidad de Vida (2)

Cuando hablamos de la noción de Calidad de Vida, lo común es ponerla sobre la mesa como un referente indiscutible para darle peso a nuestras afirmaciones, lo cual convierte a la noción en un argumento con el que justificamos tomar decisiones respecto de la vida y la muerte, aunque me parece que, más en el fondo, se trata de poner de relieve en nuestras decisiones el enorme valor que le damos al sentido de la vida humana y que, con ello, queremos meter en la ecuación aspectos que son difíciles de atrapara de modo objetivo pero que encierran aquello que valoramos más.

Así pues, cuando insertamos en la conversación la noción de calidad de vida, estamos realmente poniendo en juego tres elementos. Por un lado, la noción se compone ya de dos términos complejos, el de vida y el de calidad; y por otro lado, el valor agregado del sentido de vida con el que queremos calificar la cuestion por la cual introdujimos la noción en la discusión.

Lo primero que salta a la vista es que cuando expresamos “calidad de vida” se requiere primero que exista la vida. Es por ello que se le da un valor primordial a la vida pues se asume como un bien irrenunciable en la medida en que es la condición que posibilita cualquiero otra valoración y por ello se suelen justificar una gran variedad de decisiones. Se argumenta que primero está la vida y posteriormente se valora la calidad de la misma. En esta perspectiva estamos frente a un criterio con el que pueden manejarse parámetros objetivos como el estado de salud, las condiciones habilitantes de las terapias curativas o las situaciones inhabilitantes de las enfermedades y padecimientos. Esto, por poner sólo un ejemplo bajo la mirada de la medicina técnica, pero puede ser abordado igualmente desde la economía como la habilitación financiera para sobrevivir o llevar a cabo un plan de vida, y lo mismo podrán hacer muchas otras disciplinas científicas. En su conjunto, las ciencias privilegiarán el carácter objetivo de la calidad de vida y tomarán la vida como eje fundamental para tomar decisiones.

La incorporación de la valoración de la vida como con calidad o sin ella se convierte en el elemento base para darle un sesgo a nuestras decisiones de vida y muerte. La dificultad está en que para calificar la calidad se incorporan aspectos subjetivos difíciles de unificar. Aquí encontraremos el enfrentamiento entre las diferentes valoraciones entre riqueza y pobreza, entre las perspectivas que se pueden tener respecto de la felicidad y las condiciones para alcanzarla, etc. Si bien podemos afirmar que cada persona tiene una mirada única frente a lo que considera calidad para su propia vida tambien es cierto que nunca estamos solos y que formamos parte de una sociedad. La sociedad de la cual somos parte elabora una visión más o menos conjunta de los aspectos que, para esa sociedad, son aquellos que se han de privilegiar para alcanzar una vida de calidad. Esos aspectos son los que tarde o temprano se decantan como derechos en el sistema legal que rige a dicha sociedad. La ley y la moral social representan usualmente el conglomerado de aspectos subjetivos que esa sociedad valora como fundamentales para alcanzar una vida de calidad. Por esa razón, las ciencias que operan en una sociedad buscan apegarse a las normas morales y a la ley. Sus prácticas representan esa visión global que representa el modo en que esa sociedad aspira a alcanzar la calidad de vida.

La noción de calidad de vida reune así, en una sola expresión, las aspiraciones de las personas y sociedades con las mediciones objetivas que hacemos de nuestra condición de vida. Sin embargo, esta conjunción no se encuentra libre de dificultades puesto que si bien podemos desarrollar modos de identificar lo que socialmente entendemos como calidad para una vida, los factores subjetivos son arbitrarios y pueden, en algunos casos, ir contracorriente, y de modo legítimo, a lo que la sociedad ha fijado como apropiado. Esto es, hacemos eco a la frase común de “cada cabeza es un mundo”.

De este modo, apostar por la calidad de vida implica de modo necesario considerar las convicciones y deseos de la persona sobre quien se está buscando tomar decisiones. Aquí entramos a la parte más espinoza de la noción de calidad de vida pues este hecho nos remite a lo siguiente: Por un lado, no habría una forma universal de encasillar de modo único la noción de calidad de vida pues se encuentra, en parte, sujeta a la voluntad de los individuos y su modo particular de entender su propia vida. Lo cual tiene como consecuencia la imposibilidad de general una comprensión única de la calidad de vida de los seres humanos aunque, tambien es cierto que se pueden generar criterios basados en la protección de la vida entendida como un valor crucial pero, y este es el gran “pero”, bajo la aceptación de que los elementos subjetivos pueden modificar el peso específico del valor de la vida dado que las personas podemos asignar mayor fuerza a otros valores con los cuales darle sentido a nuestra propia vida. Esto explica que una madre pueda optar por perder su propia vida en favor de la de un hijo, o una persona se rebele a la tiranía y esté dispuesta a perder su vida en una lucha por defernder o ganar otros valores. Esta sola cuestión cambia radicalmente el eje de discusión cuando se habla de calidad de vida. Así, si centramos los criterios para tomar decisiones respecto a la calidad de vida en el valor de la vida misma entraremos en un callejón sin salida.

Esto quiere decir que si bien debe existir la vida para que podamos proponer otros valores, vivir humanamente significa asignarle peso a esos otros valores, perseguir los que se consideran más importantes y vivir de acuerdo a la forma en que se han jerarquizado esos valores. Podemos decir que vivir humanamente no es igual a vivir a secas. Vivir, así, sólo vivir, es más bien un sobrevivir y posiblemente todo el reino de la vida se apega a estos términos. Sin embargo, vivir humanamente significa algo más que sobrevivir, significa perseguir lo que se desea lograr para la propia vida y esto puede ir por una ruta diferente a la del sobrevivir. Dedicarse al arte o a trabajar en un sistema de producción es en realidad perseguir valores que no necesariamente son los de la biología: que es mantener la vida vigente, sino valores sociales y personales en los que la vida es sólo una variable de la ecuación. Podemos decir que vivir humanamente sigue una ruta que nos lleva a privilegiar otros valores como por encima de la vida misma y que por ello la noción de calidad de vida, cuando se refiere únicamente a la protección de la vida, resulta insuficiente. Por ello, trataremos ahora de encontrar un referente para esta noción que tome en cuenta no la vida como valor incuestionable sino la vida humana. Sería darle sentido y cabida en la noción de calidad de vida a eso que llamamos “vivir bien”.

Por esta razón, buscaremos darle un aterrizaje a la noción desde un valor diferente, la libertad. Pero eso, referir la noción de calidad de vida a la libertad, lo haremos en el siguiente post.

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