Aula tradicional vs aula abierta a la información 1

Plantear un aula en la que se incluyen las tecnologías de información como herramientas de trabajo, implica tomar en cuenta varias consideraciones en torno al manejo de la información durante una clase, sobre la dinámicas que establecen la interacción entre profesores y alumnos así como la generadas de alumno a alumnos. Como punto de partida, presentaré primero las generalidades del aula tradicional.

En este tipo de aula, el aula tradicional, la información fluye en su mayoría, desde el profesor hacia los alumnos. Se espera que los últimos procesen la información y así den seguimiento a la elaboración que hace el profesor en su exposición. El profesor hace uso de diversos métodos para transmitir la información, y actualmente se utilizan los recursos tecnológicos como computadoras y proyectores para lograr ese propósito.

Algunas cuestiones surgen aquí:

  1. El profesor continúa siendo el eje en torno al cual gira la información pues es él quien la selecciona, organiza y presenta. Es la “fuente” de la cual provienen los contenidos cognitivos.
  2. Los recursos tecnológicos se convierte en una suerte de “ampliación” del pizarrón con los cuales se busca ganar una mayor claridad en la exposición por incluír elementos visuales como animaciones y gráficos. No obstante, si bien ese propósito se cumple, la mecánica de la clase continua siendo la misma que el puro trabajo de pizarrón: los alumnos atienden (pasivos) y el profesor expone (activo). Los roles son claros, transmisor y receptores.
  3. El aprendizaje significativo, colaborativo y constructivo se basa comunmente en la resolución de problemas en los que existe una solución esperada. De este modo, los alumnos deben “operar” los contenidos cognitivos de un modo singular y, con ello, aprenden mientras se adaptan al sistema.
  4. La evaluación está en manos del profesor, donde el error es penalizado como una falla conceptual o práctica y se asume como indicador de incomprensión.
  5. El aula es local, esto es, cerrada al mundo con límites muy precisos: la información suministrada para ese día.
El aula tradicional favorece la homogeneidad. Provoca aprendizajes similares, lo cual es deseable para los profesionales que manejan contenidos congitivos de orden técnico donde frente a problemas similares se encuentran soluciones similares. Sin embargo, la creatividad corre el riesgo de ser minimizada.

Los puntos mencionados arriba tienen dos factores en común: El primero es que el flujo de la información es idéntico con el uso de tecnología que sin ella. Lo cual pone de relieve que si bien su uso puede contribuir a ganar claridad, no necesariamente ofrece ninguna otra ventaja y, por lo mismo, tanto el aprendizaje significativo como los mecanismos de evaluación son los mismos. Y, segundo, la epistemología continúa centrada en textos, sigue siendo “tipográfica”. De tal suerte, que la utilización de los recursos de tecnología de la información deviene en un pensar de la misma manera que como se hacía cuando no se usaban dichos recursos. No provoca el traslado a una epistemología centrada en medios de comunicación actuales (audio, video, textos, redes sociales, etc.).

Sobre esto, ahondaré en el siguiente post, en el cual exploraré tanto el significado como las implicaciones de proponer un aula abierta a la información.

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