Dificultades de la sociedad con la atención a sus adultos mayores (3/3)

Dificultades del adulto mayor desde una: PERSPECTIVA HUMANA

Dos cuestiones son las que prácticamente definen la atención al adulto mayor en la actualidad.
Por un lado, el paradigma de atención, que se encuentra centrado en el ámbito de la salud y guiado por criterios de orden médico. Por otro lado, la noción de calidad de vida imperante en nuestros días, que tiende a centrar los parámetros de calidad de vida en una etapa específica del desarrollo de nuestra vida: la juventud.

Sobre el paradigma de atención podemos decir que se trata de una visión social en la que se diseñó un sistema de atención desde un marco primordialmente médico. De este modo, las políticas de atención se han ajustado a una lectura específica del bienestar del adulto mayor: su salud, en los ámbitos físico y mental principalmente y social después. De este modo, cobran sentido los asilos y las diferentes formas de estancias en las que se diseña un espacio que provee con mayor facilidad los servicios médicos y donde todo se orienta hacia el aspecto sanitario de la vida. Allí, se congregan y reúnen los adultos mayores, bajo una supervisión guiada por el cánon médico que, si bien está orientado hacia la salud y a la vida, exige formas específicas de adaptación y concesiones importantes por parte de los “residentes”.
Sin embargo, desde los 70’s ha venido cobrando relevancia un paradigma de atención diferente, que comienza no sólo a repercutir con fuerza en el medio que tiene que ver con la atención a los adultos mayores sino a verse como una práctica que surge de modo “natural” respecto de la atención. Me refiero al paradigma de atención centrado en la persona. Este paradigma surge cuando se hizo claro que los residentes de los asilos, a pesar de contar en ocasiones con estupendas instalaciones, actividades y atención, no parecían felices. Después de varias inverstigaciones al respecto se descubrió que nunca se les preguntó a los adultos mayores lo que ellos querían, la sociedad asumió que la mejor manera de cubrir sus necesidades era ponerlos bajo el cuidado de la medicina. Esto, tiene sentido parcialmente, pues una de las cuestiones centrales de la vida del adulto mayor es su condición de salud. Por ello, es innegable que el ámbito de la medicina juega un rol crucial en su vida. Sin embargo, se cuestionó si tendría que ser el rol central.
Lo que posteriormente se encontró, es que buena parte de los adultos mayores ponen como eje de su felicidad la búsqueda de plenitud de vida. Si bien esto parece obvio, no lo es. La razón es que buscar la plenitud de vida implica asumir ciertas condiciones de vida que no son fáciles de aceptar cuando de adultos mayores se trata, mirado desde la perspectiva social. Lo explico, aceptar que las personas busquen alcanzar la plenitud significa que la voluntad del individuo ponga en marcha acciones y decisiones con las que nos jugamos, dentro de un marco de libertad y responsabilidad, lo mismo que los jóvenes; esto es:

  • Mantener un cierto control de la propia vida,
  • Mantener los aspectos con los que reconocemos nuestra individualidad y
  • La continuidad de de una vida personal significativa.

Si bien estos tres puntos pueden resultar muy claros cuando se trata de jóvenes en búsqueda de forjarse una vida, resultan extrañamente novedoso cuando lo pensamos en los adultos mayores. Al parecer, una gran cantidad de adultos mayores resienten un trato social que los limita notablemente y, de algún modo, aún sus familiares (más jóvenes que ellos) los tratan con una cierta condescendencia, quizá influídos por la visión social generalizada que se tiene de los adultos mayores.

Lo que cambia significativamente la relevancia de éstos tres puntos, es que si bien eso es lo que desean muchos adultos mayores, lo desean con mucha fuerza, aún por encima de su SEGURIDAD personal, al igual que los jóvenes. Esto es, están dispuestos a seguir corriendo los riesgos propios de la vida y plenamente concientes de las consecuencias, lo cual suele ser difícil de aceptar para los familiares, en la medida en que la pérdida se hace patente como un desenlace posible. Esta cuestión que se torna aún más problemática cuando son criterios médicos los que gobiernan las instituciones orientadas a su atención pues los familiares desean sentirse tranquilos. Al parecer, es justamente esta cuestión la que puede convertir un fabuloso asilo, estancia o residencia en una suerte de confinamiento del adulto mayor, con la consecuente pérdida como atractivo para los adultos mayores por la dificultad para encontrar su plenitud y, por ello, su felicidad.

Ellos preferirían, al parecer, tener una vejez apegada a los aspectos que identifican como “su vida”, esto es, un cierto control personal de la hora de levantarse, la comida, la higiene, etc. Así como el reconocimiento de los objetos y disposiciones que han atesorado a lo largo de su vida y, del mismo modo, realizar las actividades con las que se identifican. En este sentido, la organización de los lugares de atención a los adultos mayores no facilitan este tipo de contexto. Hago la anotación de que mucho depende de las posibilidades físicas y mentales reales de los adultos mayores, las restricciones forzosas serán, por supuesto, según la condición de cada individuo.
Nos movemos hacia un cambio de paradigma en cuanto a la atención de los adultos mayores, un paradigma que hace eco de lo que ellos entienden como bienestar y calidad de vida. Este movimiento cultural es un giro similar al copernicano pues implica un movimiento de descentrado. Movimiento que invierte la dirección que llevan actualmente las instituciones de atención al adulto mayor. La tradición es hacer girar al adulto mayor alrededor de los servicios diseñados para ellos. Servicios que por cuestiones de índole organizacional, son fijos. Esto hace que sea el adulto mayor el que se ve obligado a adaptarse a la estructura de la organización. La propuesta nueva de dirección, tiende a hacer que sean los servicios de atención los que, de alguna manera se acomoden al adulto mayor y su propia dinámica. El cambio es complejo e implica una restructuración de la organización actual de los servicios dentro de asilos, estancias y residencias. Sin embargo, el esfuerzo forma parte de un movimiento cultural que incluye a los ancianos como miembros activos de la sociedad. En los siguientes posts abordaré las propuestas que se han puesto ya en marcha bajo esta lógica.

Respecto de la segunda cuestión, la noción de calidad de vida, lo usual en la sociedad contemporánea es que se use un estándard de calidad de vida referido a un sujeto abstracto, que es joven y sin padecimientos además de gozar de un excelente estado de salud. El modelo surge de las ciencias biológicas y de las ciencias médicas en su búsqueda por encontrar el estado óptimo de un organismo y si bien se enfoca en una perspectiva de la dimensión material y mental del ser humano, no deja de ser una visión parcial de lo que somos y, por ello, atiende sólo los aspectos dentro de una banda estrecha de tiempo respecto de la vida de un ser humano. Si se busca comprender la plenitud de vida dentro de ese marco, estaremos limitando notablemente la noción de plenitud para una persona. Esfuerzos se hacen, actualmente, desde la geriatría y la gerontología para abrir la noción de calidad de vida y enlazarla armónicamente con lo que entendamos como plenitud de vida, lo mismo se hace desde la psicología, sociología y filosofía. La gericultura, es un movimiento en el que se decantan estos esfuerzos en la práctica y si bien es un terreno prometedor aún falta un largo camino por recorrer.

En general, se puede decir que la sociedad ha abrazado este modo estrecho de entender la calidad de vida y por ello es que se genera un conflicto: cualquier otro estado de salud que se aleje de esta visón de ser humano es necesariamente en perjuicio, esto es, como un pérdida. De allí que si consideramos toda la trayectoria del ciclo de la vida, posiblemente estemos cerca de ese estandard sólo unos cuantos años de nuestra vida mientras que el resto, la mayor parte, se concibe como una pérdida, sea de facultades o de condiciones de vida. Esto, en realidad es una visión muy fragmentada de la naturaleza humana y sin embargo está ampliamente difundida en la creencia común, particularmente en una sociedad que parece venerar la condición juvenil. Es por ello que sea sencillo para la sociedad generar un cierto desprecio para quien no cumple siquiera con estar cerca del estándard, en nuestro caso: los adultos mayores.
No es extraño observar que se respete la plenitud física en los jóvenes y que actualmente la sociedad hace esfuerzos notables por mantener a sus individuos cerca del estándard a través de una suerte de culto al cuerpo disfrazado de salud. Si bien esto no es nocivo por si mismo (perseguir la salud física), si forma parte de una visión que se torna excluyente con el pasar del tiempo, de modo que se relega a los adultos mayores como si fueran “lo que queda” antes de desaparecer, algo vergonzoso, y borrando con ello una idea de plenitud que abarca otros aspectos de la vida, además de que desprecia una visión de calidad de vida que incluya otros aspectos igualmente valiosos de la vida humana. En este sentido, promover la gericultura no significa poner la tercera edad por encima de otras etapas de la vida, sino de modo paralelo al resto de ellas. Se busca generar en la sociedad el respeto, aceptación e interés por lo que los adultos mayores pueden ofrecer a la sociedad y, al mismo tiempo, promover en la sociedad la incorporación de nuestros adultos mayores al espacio social del que han sido excluidos. Lograr, quizás, una retribución social que los redignifique mediante el respeto y cariño que se merecen y al cual tienen derecho como cualquier otro miembro de la sociedad.

Esto, nos llevaría, tal vez, a alcanzar un estado social de inclusión, en el que se valore todos los aspectos y etapas de la vida humana en el devenir de la vida, de principio a fin.

M. Salles

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1 comentario en “Dificultades de la sociedad con la atención a sus adultos mayores (3/3)

  1. Mi voz:
    Ps si nadie es mas ni menos que nadie en cuanto de aportación de la salud se trata, el punto de partida tanto antropológico por el conocer como hemos ido adoptando y transmitiendo un mero esfuerzo por contribuir a la tarea que brinde la mejor manera de calidad de vida, demuestra que vale el saber que todas las aportaciones son importantes, en especial el entusiasmo y el amor que acompaña, que además sana, ante la ética sea o no sea profesional debe ser se consciente de las buenas intenciones, me refiero que hay veces que sin estudiar a razón de conocimiento, muchas personas con la experiencia adquieren práctica, técnica y humanización. Si es cierto que la cultura enfrenta el miedo por el maltrato dentro de las estancias para nuestros adultos mayores, que maquillan el buen trato, la profesionalización ha sido el principal camino de confianza enriquecedora por contenido de aprendizaje de escuelas de estudio prestigiosas, para que los egresados muestren en la práctica el mejor desempeño y que a su vez demuestren que cualquier servicio o labor del trabajo por sencillo que perezca no les quita el titulo, ni los hace mejor o peor persona, en cuanto a la geriatría desempeñamos como referencia o ejemplo en observación personal se ha visto que sin discriminar tanto al adulto mayor como a algún paciente adulto, puede ser atendido por distinto personal, ya sea el medico geriatra, el psicólogo, la enfermera, un familiar… de la manera mas digna, muy en especial quiero decirlo en las necesidades biológicas para el aseo personal de nuestro viejecito, tarea que puede ser tan importante como lo es dosificar, dar un medicamento, aplicar una inyección, brindar una palabra de aliento, dar primeros auxilios, un masaje, lograr algún tipo de terapia, leer, acompañar… no todo debiera ser sistematización, no todo es filosofía con razonamiento, orden, pues en realidad ese pobre anciano que quiere ser vestido en algún momento en ropa cómoda pans y claro no puede ni un instante en un punto del día de la semana ya que la justificación institucional es la imagen a la profesión que represento, sea el ingeniero, el arquitecto… esa apariencia del hombre de dinero que siempre fue, pantalón de ceda, que debajo un incomodo y apretado pañal, la elegante corbata que casi asfixia, bueno ni por el dominio que tenemos sobre de él, no olvidemos que el es persona; pues bien, a poner en practica la bioética. Eso solo ha eso se llama humildad para atender, sin olvidar que los adultos mayores son responsabilidad nuestra. Ancianito ahora has lo que puedes y cada dia ese es tu reto, plenitud de vida no es un cuerpo sano, ni una mente enferma es la dignidad de tener un corazón al vivir felizmente en un tierno sueño, en su último latido; la juventud no se encapsula en la estética, mas valiera conocer y poner de ejemplo las buenas cualidades. Gracias. Brambila.

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