Aula abierta a las TI’s Escolarización vs Educación

educarseAhora que da inicio un nuevo ciclo en la universidad se torna pertinente discutir nuevamente, y con la finalidad de clarificar solamente, lo que uno hace dentro del aula. Y si se pretende que el aula sea abierta a las Tecnologías de la Información (TI’s), es aún más importante que tengamos claros los ejes de la enseñanza pues el volúmen de información que transita dentro del aula es enorme, además de variada y proveniente de fuentes muy diversas. Es fácil así perder el camino.
Entonces, pongamos sobre la mesa esa pregunta que da sentido a todo y cuya respuesta es dada por supuesta y entendida por todos y no al mismo tiempo, pero que, aún así, suele caer como plomo en los ámbitos educativos: ¿Por qué estamos aquí reunidos? es decir, ¿para qué son las universidades?

Lo primero que requerimos para abordar semejante cuestión es tener claro que escolarización no es, de ninguna manera, sinónimo de educación. Aunque afirmar esto nos aparece como una trivialidad, lo es sólo en apariencia. La escolarización es una actividad limitada que se sitúa en la categoría de medios. Esto es, matricularse a materias, asistir a un “campus” a tomar clases y contar con una biblioteca, son sólo recursos con los que se pretende detonar procesos de aprendizaje en la comunidad universitaria. La escolarización se centra en los “cómo” y provee a los estudiantes de herramental teórico y práctico con los que pueden construírse una vida.
Mientras que, por otro lado, la educación es una actividad ilimitada y contínua en el tiempo de vida de las personas. Tiene que ver más con integrar la información de modo significativo en la visión de las personas de un modo tal que ésta tenga sentido. Y el sentido tiene que ver, a su vez, con articular cabalmente lo que es con lo que fue y con lo que será. Esto es, habilitarse en la percepción de lo que acontece, tener claridad en lo que es. Habilitarse en la conformación mental del presente y donde se distinga con claridad la presencia de lo que fue . Finalmente, habilitarse para caer en cuenta de que las circunstancias del presente son, a su vez, campo de oportunidades para lo que será. El propósito de que así sea es lograr que los individuos puedan entenderse a sí mismos como depositarios de tradiciones y conocimientos generados por otros al mismo tiempo que agentes de cambio, de nuevas propuestas y acciones que contribuyan a un porvenir social e individual. Educarse es, pues, encontrar las razones para continuar educándose para darnos una finalidad con sentido. En suma, hablar de educación es entenderla en la categoría de fines. Encontrar razones para vivir.

Y si esto es así y el aula se percibe aún como centro neurálgico del aprendizaje, vale preguntarse el rol que juega como supuesto gozne en el que se articulan escolarización y educación. El aula tradicional, siendo un entorno cerrado posibilita un manejo más controlado de la información pues se encuentra restringida a la temática del día y a la selección del profesor. Tiene como bondades el ser un ejercicio mucho más enfocado, casi como mirar con una lupa, lo cual trae beneficios asociados en cuanto que facilidad para la apropiación de medios. Sean estos herramientas metodológicas, claves conceptuales o conocimiento de miradas específicas en torno a una temática. En suma, el aula cerrada es propicia para la adquisición de técnicas y su ventaja radica en hacer eficaces y eficientes esos procesos. Funcionalidad y velocidad sería lo que se logra. Los alumnos aprenden lo que necesitan para operar cabalmente como profesionales en una sociedad y además lo hacen rápidamente. Nada despreciable cuando lo que se quiere es obtener técnicos especializados que puedan insertarse laboralmente en la sociedad. Sin duda, el aula cerrada es un mecanismo útil cuando de construírse una vida se trata. Por eso quizás, y por el enorme impacto que esto genera en el terreno social, es una visión aún de extrema importancia. Tanta, que en nuestros días se utilizan los recursos tecnológicos e informáticos para expandir su alcance. Se traduce esto en una ola de choque enorme que abarca toda la sociedad a través de lo que se ha venido a llamar “cursos en línea” y que acarrea enormes beneficios sociales por su practicidad, dada su deslocalización.

Pero no nos equivoquemos. A pesar de sus enormes beneficios, los cursos en línea no son un equivalente del aula abierta a las TI’s. La inclusión de tecnologías en los sistemas universitarios para ampliar su horizonte de captación de alumnos o, visto alrevés, de ampliar el horizonte de alcance de oferta de sus programas, es llevar a grado de “global” la escolarización, la adquisición de medios, de herramientas, más no necesariamente educación. Responde más bien a un movimiento de adaptación respecto del mercado educativo que permite a las instituciones educativas competir, y sobrevivir, al adecuarse a las exigencias del mercado y tendencias educativas y de profesionalización. Permite también a los alumnos ampliar su gama de oportunidades de escolarización, cuestión nada despreciable. Todo esto indica una fuerte tendencia a lo operativo, al valor que se le asigna actualmente a la construcción social a través del conocimiento y del uso de diferentes técnicas y tecnologías. No está mal, en mi opinión, pero pienso que si bien es suficiente para escolarizar, no lo sea quizás para educar.

educarse2Pero entonces, ¿Representa el aula abierta a las TI’s una opción diferente? Como apuesta personal, me parece que si. En el aula abierta a las TI’s confluyen tanto la avalancha de información a la que hoy estamos expuestos, como la relación alumno-profesor. No obstante, esta relación posee sus propias exigencias pues abrir el aula a la información requiere de complejas modificaciones en los roles, especialmente en el de profesor. La figura del profesor como eje erudito y fuente de información deja de existir para trasladarse a una condición más exigente: Si bien se espera un cierto grado de erudición en el ámbito sobre el cual imparte clase, puede resultar aún más importante su habilidad para ayudar no sólo a adquirir las herramientas teóricas y prácticas para controlar el flujo de información sino que, además, ayude a darle un sentido a la misma. Este último punto requiere de una condición espinoza, y que es la necesidad de que el profesor se “exponga” como persona a sus alumnos a modo de “muestra” de integración de saberes en su experiencia de vida que, amén de su obligado carácter de individuo destacado en el entorno profesional, ha logrado dar sentido a su vida personal y social. Es decir, la actividad fundamental del profesor, su presencia y acciones en el aula se encaminan a contribuír no sólo a la adquisición de medios que exige la sociedad a través de la escolarización sino que se requiere de él que contribuya en algo mucho más hondo, a saber: ayudar con sus saberes y su mayor experiencia a integrar la información con un cierto sentido.
El aula abierta a las TI’s parece requerir de profesorado no sólo altamente versado en su área de especialidad sino que, además, sean sujetos capaces de interactuar con sus alumnos de un modo más cercano; ergo, su personalidad se torna relevante. De allí la lógica del “mentor”. Puedo entender que esto sea una pesadilla para las instituciones pues destruye todas las facilidades administrativas para la selección del profesorado y añade al perfil de profesor aspectos de ninguna manera fáciles de parametrizar. Sin embargo, creo que es lograble a través del tiempo. Así, la figura del “profesor” rompe con el carácter de “sustituíble con facilidad” y fractura la selección basada sólo en méritos académicos y profesionales. Pero, en defensa de la importancia de esta cuestión, asumir que la personalidad del profesor es relevante para el proceso de enseñanza-aprendizaje que aspire realmente a educar, diré que es justamente lo que parece no poder ofrecer la tecnología por sí misma ni la estructura administrativa de la escolarización pero que si puede ser logrado por la presencia física de un profesor a través de sus actitudes, fluidez en el diálogo y mayor experiencia. Esto es, la figura de profesor en un aula abierta a las TI’s puede, y debe, añadir al esfuerzo de construcción de vida de los alumnos, la posibilidad de coadyuvar a darle sentido a su educación. Es pues la figura del mentor llevada a la condición de profesor, y no la tecnología, la que parece articular de mejor modo escolarización y educación.

 

aula5Esto me lleva a pensar que si bien la enseñanza escolarizada, que ofrece medios, debe centrarse en el alumnado para fomentar la construcción de su vida, la educación por su parte, no sólo no elimina la presencia y figura del profesor sino que la fortalece, pues será una persona la que ayude a dar sentido a los conocimientos y a la vida de otras personas. Nada puede hacer mejor a un profesor en un aula abierta a las TI’s que ser capaz de despertar el hambre de saberes con sentido a sus alumnos. Un profesor, en nuestros días de super alta tecnología, será quien mejor estimule y encamine a sus alumnos para que encuentren buenas razones y motivos para educarse y no dejar de hacerlo.

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