Luz y oscuridad de las TIC’s en tiempos de la posverdad

No cabe duda de que vivimos en una época que presenta una singularidad social muy específica. Gracias al internet contamos hoy con posibilidades casi infinitas para accesar al esfuerzo colectivo que busca la verdad sobre el mundo y nuestra condición humana. Engolosinados con tan amplias expectativas, nos sentimos impulsados por la idealista convicción que presume la neutralidad en la red y que quiere convertirla en la fragua donde se templa la verdad. Pues bien, si bien esto se va cumpliendo en cierta medida y grandes sectores sociales del universo del internet, también es cierto que hemos venido a descubrir otro gran sector que parece ir en la dirección contraria. Un sector que se regodea en la producción de confusión y engaño con propósitos muy variados, desde la aparentemente inocua broma que se viraliza al punto de convertirse en tendencia y detonador de confusiones, hasta el engaño deliberado motivado por la codicia o sentimientos más oscuros. Debido a la enorme facilidad para acceder a internet y a su muy extenso alcance, la producción de información es fruto de muy diversos intereses, de modo que la información que se expone públicamente a la comunidad mundial compite sin árbitro y de igual a igual, con la también, y sorpresivamente muy amplia producción de desinformación. Es a través de este enfrentamiento que hemos llegado a lo que se ha venido a proponer como la era de la posverdad.

Esta posverdad surge con nuestra muy natural tendencia para hacer tribu, de modo que fraccionamos el territorio de internet en comunidades cibernéticas. Como individuos buscamos lo que resulte afín a nuestro modo de pensar y ver el mundo, por ello buscamos pertenencia a grupos de personas que sean “como nosotros” y participar así, cómodamente, en ámbitos que nos resulten cercanos; creamos con ello burbujas de información que tienen como consecuencia el terminar por convertirse en una suerte de paradigma del conocimiento, con su propio marco teórico, convicciones y modos de relación. Con el trampolín de las redes sociales, el territorio de la posverdad se puebla rápidamente de política ficción, salud ficción, educación ficción, espiritualidad y religión ficción y así tantos rubros como podamos imaginar, con la constante de que se trata en todos los casos de información y conocimiento ficción.

El impacto de la muy determinada malicia de algunas de las comunidades cibernéticas ha resultado ser grande puesto que sus “contribuciones” se multiplican a la velocidad del rayo con la entusiasta ayuda de la gente por vía de las herramientas de las redes sociales. Esto pone de relieve dos cosas, por un lado el enorme atractivo de la información ficción, que nos genera la ilusión de saber de modo fácil o simplemente por el morbo que puede involucrar. Por otro lado, se devela la dificultad para abrazar el esfuerzo crítico de muchas personas así como la necesidad afectiva -reconocimiento y aceptación- de formar parte de las comunidades cibernéticas. Como consecuencia de la rapidísima propagación de la información ficción y su creciente proliferación, aunadas al rechazo por realizar un esfuerzo crítico de grandes sectores de la sociedad, hemos llegado a un punto en el que se nos aparece como admisible abrazar una actitud de ignorancia deliberada, cobijada en la posverdad.

Esta actitud -ignorancia deliberada- se ha convertido en pandemia y no parece que su erradicación vaya a ser fácil o siquiera posible, dada la necesidad que tenemos por mantener vigente la libertad de expresión y su difusión a través del internet. El problema es que no se trata de un asunto técnico, no se debe en sí a nuestras tecnologías sino al uso que les damos, por lo que la cuestión es de orden social. Es allí, en lo social, donde se puede luchar contra la ignorancia deliberada aún en tiempos de posverdad. El ámbito de la educación se convierte así en un escenario privilegiado para intentar desfondar tanto el subjetivismo como el relativismo que campean a sus anchas en la posverdad. Puede contribuir a ayudar a trasladar las actitudes de las personas hacia la intención por proponer flujos de información y contenidos de verdad relativa.

Es con las ventajas del terreno de la educación donde se puede ayudar a fortalecer el sentido que le damos al uso de las TIC’s para crear contenidos o para usarlos y, con ello, participar en la modulación de actitudes de grandes sectores de la población. Sin duda hay mucho que revisar y replantear en torno a las competencias necesarias en el uso de las TIC’s en sus aspectos críticos y técnicos, pero, y por derecho propio, se hace imperativo enfatizar con fuerza la inclusión de competencias morales de las personas como preparación para utilizar estas herramientas, la solidez moral resulta ser un eje actitudinal que atraviesa el uso de las TIC’s, y puesto que deseamos invitar a la gente a que se desprenda de una actitud de ignorancia deliberada, entonces el esfuerzo se debe centrar en coadyuvar a integrar a la persona, darle las habilidades necesarias para que logren asignar valor y relevancia a su motivación interna. Es esta motivación la que les ayuda a equilibrar el sentido con el que le dan uso a las herramientas de internet, sentido en sus búsquedas de información, sentido en su participación activa en comunidades cibernéticas y que no dependan tanto de la motivación externa -ignorancia deliberada basada en la gratificación inmediata o el reconocimiento y popularidad facilones- para tomar sus decisiones.

De este modo la neutralidad en la red se ha visto desequilibrada por cuestiones de orden moral más que por las condiciones técnicas propias de la red o por las tecnologías que utilizamos para para su acceso, neutralidad que mostró que uno de los lados flacos de la sociedad es la debilidad moral de las personas, y que en la fragilidad que acompaña esa debilidad los sentimientos de desamparo y necesidad de aceptación llevan a buscar la pertenencia, a como dé lugar, a las comunidades cibernéticas en busca de reconocimiento, popularidad y finalmente identidad. Si, vemos sobretodo en los más jóvenes la disposición a que su identidad sea conformada desde afuera, a través de las motivaciones externas provenientes de las comunidades cibernéticas, antes que por un equilibrio entre esas motivaciones con sus propias motivaciones internas -que no han sido desarrolladas y fortalecidas-, de ahí la sorprendente fragilidad emocional de muchos. Esta carencia predispone a la aceptación de la ignorancia deliberada y facilita una actitud que abrace la información ficción. Si hoy es necesario favorecer el uso de TIC’s en la educación por sus obvias ventajas, se ha de considerar también como relevante preparar a las personas en una serie de competencias morales con las que podrán dar sentido y perspectiva a sus incursiones en el mundo de la información y el conocimiento y poder sacar así el mayor provecho de ello.

 

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Luz y oscuridad de las TICs en tiempos de la posverdad por Marcel Salles Mora se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.