Luz y oscuridad de las TIC’s en tiempos de la posverdad

No cabe duda de que vivimos en una época que presenta una singularidad social muy específica. Gracias al internet contamos hoy con posibilidades casi infinitas para accesar al esfuerzo colectivo que busca la verdad sobre el mundo y nuestra condición humana. Engolosinados con tan amplias expectativas, nos sentimos impulsados por la idealista convicción que presume la neutralidad en la red y que quiere convertirla en la fragua donde se templa la verdad. Pues bien, si bien esto se va cumpliendo en cierta medida y grandes sectores sociales del universo del internet, también es cierto que hemos venido a descubrir otro gran sector que parece ir en la dirección contraria. Un sector que se regodea en la producción de confusión y engaño con propósitos muy variados, desde la aparentemente inocua broma que se viraliza al punto de convertirse en tendencia y detonador de confusiones, hasta el engaño deliberado motivado por la codicia o sentimientos más oscuros. Debido a la enorme facilidad para acceder a internet y a su muy extenso alcance, la producción de información es fruto de muy diversos intereses, de modo que la información que se expone públicamente a la comunidad mundial compite sin árbitro y de igual a igual, con la también, y sorpresivamente muy amplia producción de desinformación. Es a través de este enfrentamiento que hemos llegado a lo que se ha venido a proponer como la era de la posverdad.

Esta posverdad surge con nuestra muy natural tendencia para hacer tribu, de modo que fraccionamos el territorio de internet en comunidades cibernéticas. Como individuos buscamos lo que resulte afín a nuestro modo de pensar y ver el mundo, por ello buscamos pertenencia a grupos de personas que sean “como nosotros” y participar así, cómodamente, en ámbitos que nos resulten cercanos; creamos con ello burbujas de información que tienen como consecuencia el terminar por convertirse en una suerte de paradigma del conocimiento, con su propio marco teórico, convicciones y modos de relación. Con el trampolín de las redes sociales, el territorio de la posverdad se puebla rápidamente de política ficción, salud ficción, educación ficción, espiritualidad y religión ficción y así tantos rubros como podamos imaginar, con la constante de que se trata en todos los casos de información y conocimiento ficción.

El impacto de la muy determinada malicia de algunas de las comunidades cibernéticas ha resultado ser grande puesto que sus “contribuciones” se multiplican a la velocidad del rayo con la entusiasta ayuda de la gente por vía de las herramientas de las redes sociales. Esto pone de relieve dos cosas, por un lado el enorme atractivo de la información ficción, que nos genera la ilusión de saber de modo fácil o simplemente por el morbo que puede involucrar. Por otro lado, se devela la dificultad para abrazar el esfuerzo crítico de muchas personas así como la necesidad afectiva -reconocimiento y aceptación- de formar parte de las comunidades cibernéticas. Como consecuencia de la rapidísima propagación de la información ficción y su creciente proliferación, aunadas al rechazo por realizar un esfuerzo crítico de grandes sectores de la sociedad, hemos llegado a un punto en el que se nos aparece como admisible abrazar una actitud de ignorancia deliberada, cobijada en la posverdad.

Esta actitud -ignorancia deliberada- se ha convertido en pandemia y no parece que su erradicación vaya a ser fácil o siquiera posible, dada la necesidad que tenemos por mantener vigente la libertad de expresión y su difusión a través del internet. El problema es que no se trata de un asunto técnico, no se debe en sí a nuestras tecnologías sino al uso que les damos, por lo que la cuestión es de orden social. Es allí, en lo social, donde se puede luchar contra la ignorancia deliberada aún en tiempos de posverdad. El ámbito de la educación se convierte así en un escenario privilegiado para intentar desfondar tanto el subjetivismo como el relativismo que campean a sus anchas en la posverdad. Puede contribuir a ayudar a trasladar las actitudes de las personas hacia la intención por proponer flujos de información y contenidos de verdad relativa.

Es con las ventajas del terreno de la educación donde se puede ayudar a fortalecer el sentido que le damos al uso de las TIC’s para crear contenidos o para usarlos y, con ello, participar en la modulación de actitudes de grandes sectores de la población. Sin duda hay mucho que revisar y replantear en torno a las competencias necesarias en el uso de las TIC’s en sus aspectos críticos y técnicos, pero, y por derecho propio, se hace imperativo enfatizar con fuerza la inclusión de competencias morales de las personas como preparación para utilizar estas herramientas, la solidez moral resulta ser un eje actitudinal que atraviesa el uso de las TIC’s, y puesto que deseamos invitar a la gente a que se desprenda de una actitud de ignorancia deliberada, entonces el esfuerzo se debe centrar en coadyuvar a integrar a la persona, darle las habilidades necesarias para que logren asignar valor y relevancia a su motivación interna. Es esta motivación la que les ayuda a equilibrar el sentido con el que le dan uso a las herramientas de internet, sentido en sus búsquedas de información, sentido en su participación activa en comunidades cibernéticas y que no dependan tanto de la motivación externa -ignorancia deliberada basada en la gratificación inmediata o el reconocimiento y popularidad facilones- para tomar sus decisiones.

De este modo la neutralidad en la red se ha visto desequilibrada por cuestiones de orden moral más que por las condiciones técnicas propias de la red o por las tecnologías que utilizamos para para su acceso, neutralidad que mostró que uno de los lados flacos de la sociedad es la debilidad moral de las personas, y que en la fragilidad que acompaña esa debilidad los sentimientos de desamparo y necesidad de aceptación llevan a buscar la pertenencia, a como dé lugar, a las comunidades cibernéticas en busca de reconocimiento, popularidad y finalmente identidad. Si, vemos sobretodo en los más jóvenes la disposición a que su identidad sea conformada desde afuera, a través de las motivaciones externas provenientes de las comunidades cibernéticas, antes que por un equilibrio entre esas motivaciones con sus propias motivaciones internas -que no han sido desarrolladas y fortalecidas-, de ahí la sorprendente fragilidad emocional de muchos. Esta carencia predispone a la aceptación de la ignorancia deliberada y facilita una actitud que abrace la información ficción. Si hoy es necesario favorecer el uso de TIC’s en la educación por sus obvias ventajas, se ha de considerar también como relevante preparar a las personas en una serie de competencias morales con las que podrán dar sentido y perspectiva a sus incursiones en el mundo de la información y el conocimiento y poder sacar así el mayor provecho de ello.

 

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Competencias en el manejo de información con TIC’s y trabajo colaborativo

El uso de internet a través de las TIC’s como recurso para el ejercicio docente ha puesto sobre la mesa la necesidad de revisar el modo con el que se relacionan tres grandes contextos comunes en el ámbito de la educación. Me refiero a que los profesores hemos presupuesto que los alumnos son capaces de integrar las herramientas de las TIC’s como una ayuda para su aprendizaje, pero, lo que vemos en la práctica es que existen dos problemas con ese presupuesto. El primero tiene que ver con el contexto social y el mundo del internet, y el segundo con las habilidades de los alumnos para manejar eficaz y eficientemente la información. Abordemos brevemente cada uno de estos problemas.

Internet ha sido una herramienta invaluable para la educación contemporánea al ofrecer la posibilidad de buscar información, compartir recursos y ofrecer medios y plataformas de aprendizaje. Sin embargo, se convirtió también en el escenario donde el flujo de información es tan libre -lo cual es muy positivo- que se utiliza con fines y propósitos muy variados y ello no sólo matiza el carácter de la información sino que además nos ha puesto frente al dilema de valorar apropiadamente la validez de la información, su veracidad y el grado de autoridad conferido a los conceptos y datos que contiene. Es claro que actualmente una notable proporción de la información expuesta en el siempre dinámico territorio de internet es de veracidad cuestionable y nos lleva a preguntarnos sobre un fenómeno que es fácil de observar en redes sociales como Facebook, donde encontramos personas o grupos que intencionalmente distorsionan la información, mienten en ocasiones y hasta inventan datos o esgrimen fantasías u opiniones que parecen convincentes a modo de argumentos. Ahora bien, cuando se trata de personas muy persuasivas y convincentes logran una gran aceptación y penetración en los medios hasta convertir esos datos en lo que podríamos llamar una “verdad común” por el hecho de que un grueso de la sociedad ha sido convencida de que se trata de información verdadera. Esto ha hecho que se ponga en la balanza el tema de la verdad y obliga a reflexionar en lo que algunos llaman la vivencia de la post-verdad o la enunciación de “verdades” que operan socialmente por el convencimiento de una buena parte de la sociedad y que sirven a un contexto específico pero que no necesariamente están respaldadas por hechos o por quienes tradicionalmente han sido considerados como autoridades en la materia. Bien, pues en este contexto resulta que la búsqueda e identificación de información veraz implica el dominio de algunas competencias que han de ser inducidas y que no cabe esperar que, en automático, los alumnos posean.

El segundo problema tiene que ver con la falacia del “nativo digital” que supone que los jóvenes, por el hecho de haber nacido en un mundo altamente tecnificado son capaces de operar los dispositivos de comunicación eficazmente y manejar la abundancia de información con propósito y sentido. Nuestros alumnos son en realidad huérfanos digitales en la medida de que si bien nacieron en un mundo lleno de tecnología, no contaron con la experiencia de sus antecesores ( nativos no digitales) a modo de ayuda para darle un sentido provechoso y propositivo a la información aunque sea cierto que por el hecho de haber nacido rodeados de dispositivos no poseen el miedo de andarles picoteando hasta dominar el uso de los mismos y les resulten extensiones conaturales. Es claro que, en su orfandad, pueden gozar de la habilidad técnica para manejar los dispositivos pero, resultaría demasiado esperar que poseyeran la habilidad para identificar y evaluar la veracidad de la información que reciben. Nuevamente, el problema para identificar la autoridad asociada al conocimiento.

Es por estos dos grandes problemas que ha parecido necesario centrar la mirada primero en el problema de la habilidad que deseamos incentivar cuando se incorporan las TIC’s al mundo de la educación y, luego, identificar las competencias que nos pueden ayudar a desarrollar dicha habilidad. Esta habilidad ha sido ya identificada y expresada en el artículo de The Conversation, The challenge facing libraries in an era of fake news, donde se plantea el resultado de la propuesta hecha por ‘the Association of College and Research Libraries (ACRL)’ para identificar la habilidad y que es nombrada como habilidad para descubrir reflexivamente la información o ‘Information literacy’. Esta habilidad, me parece, requiere de la estrecha relación de tres elementos que son muy específicos y necesarios cuando deseamos que nuestros alumnos produzcan conocimiento dentro de un entorno de aprendizaje colaborativo e inmersos en el mar de información. Muestro estos elementos en el siguiente esquema

Los conceptos clave son aquellos que se asumen verdaderos para el procesamiento de los datos de la información y con los que se elaboran argumentos de verdad. Se trata de los conceptos que deseamos que se apropien nuestros alumnos para que sean capaces de elaborar con ellos, explicar, y que usen como basamento de autoridad para generar sus propuestas de conocimiento dentro del marco de la verdad. Para lograr esto, se requiere de dos competencias específicas que hemos de buscar trabajar constantemente con ellos y que se sugieren en el ‘Framework for Information Literacy Appendices

  1. Identificación de las fuentes y su clasificación en primarias y secundarias. Por ejemplo, si los conceptos que se utilizan en la materia requiere ser situados en una época o en un contexto específico, se debe ser capaz de indagar en una multitud de fuentes donde el reconocimiento de autoridades en la materia se torna relevante para poder hablar de veracidad.
  2. Identificar, accesar y procesar grandes grupos de datos emitidos por asociaciones, universidades o instituciones con equipos de científicos que sean socialmente considerados como autoridad en sus respectivos campos, como es común en el caso de las ciencias.

Con el trabajo colaborativo utilizando recursos tecnológicos nos referimos no sólo al esfuerzo por facilitar el entorno técnico para que nuestros alumnos aprendan y formulen nueva información que se traduzca en conocimiento significativo sino que se adquieran las habilidades personales y de uso de tecnología que faciliten 1) la comunicación, 2) el flujo de la información y 3) su proceso para “hacer” conocimiento con los demás. Una competencia así puede formularse como

  1. Interactuar, evaluar, producir y compartir información en varios formatos y de distintos modos con los recursos tecnológicos disponibles.

Con las TIC’s se requiere no solamente que estén al alcance de la mano dentro del entorno educativo sino que además el uso de laptops, tabletas, celulares y computadoras fijas así como de aplicaciones multimedia posibiliten, en conjunto, expresar el nuevo conocimiento de un modo ordenado y claro. Finalmente se trata de incidir en el internet como fuente confiable y veraz, de compartir hallazgos de un modo en el que las personas interesadas puedan encontrar dicha información, entenderla y compartirla. Esto requiere de una competencia tal como

  1. Desarrollo multimedia, que implica diseño y producción, con la finalidad de expresar y compartir públicamente el conocimiento que se ha producido.

Me parece que trabajar sobre estas 4 competencias en cualquier asignatura a modo de ejes transversales puede contribuir a que los alumnos alcancen la habilidad de descubrir reflexivamente información. Esto lograría una serie de aprendizajes que resultan necesarios en la actualidad tanto en los ámbitos educativos de cualquier nivel como en los de formación profesional. La generación de conocimiento producido por estos ámbitos puede ser así insertada en el mar de información del internet y contribuir al conocimiento general y quizá a la “verdad común” que opera en la sociedad respecto de ciertos temas. Esto es, ayudaría a reestructurar y rescatar en cierta forma la autoridad de la verdad en el mundo de la información.

 

 

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El internet del pensamiento

Reflejos  En alusión al “internet de las cosas”, cabe preguntarnos por lo que la costumbre de goglear el internet en búsqueda de conocimientos hace a nuestro pensamiento y condición humana. Dicho de otro modo, preguntarnos por las implicaciones que para el aprendizaje y la comprensión sobre nosotros mismos tiene la incorporación del acceso a internet como fuente de conocimientos en el ámbito de la educación.

Somos herederos de la tradición ilustrada, donde la afirmación en torno a la veracidad de un hecho se basa en la observación, cuestionamiento, experimentación y reflexión como elementos metodológicos de investigación. Nos importa especialmente poder enraizar nuestros discursos de verdad en hechos, con lo cual asumimos que la experiencia ganada con el contacto con el mundo, o lo “otro”, es la fuente que nos posibilita hablar de verdades. Sean tendencias objetivas, subjetivas o relativas -como privilegia el pensamiento científico contemporáneo-, el discurso de verdad se ha basado en un anclaje común que involucra la caracterización de hechos a través de una doctrina -científica- de la evidencia y un método para formular nuestras preguntas, es decir, la adopción de un sesgo y perspectiva específicos a través de los cuales el juicio en torno a la verdad sobre algo se opera en el pensamiento de quien indaga y se pone a prueba bajo discusión para establecer una verdad arbitrada, resultado del juicio a partir de las evidencias. Partir de hechos para formular la verdad traslada el juicio de verdad sobre algo al pensamiento. Desde un Descartes y su duda metódica se modelaron socialmente nuestras capacidades para diseñar métodos empíricos o la formulación y uso de estructuras lógicas para teorizar y relacionar la información, condición que ha exigido formalidades específicas al sujeto que se pregunta en torno a ciertos hechos. Es gracias a esta ruta que se fue fortaleciendo el pensamiento científico hasta como lo conocemos hoy, vía que ha producido innumerables avances en el conocimiento.

Pero algo ha cambiado desde entonces, me refiero a nuestras fuentes del conocimiento, como ya ha sido señalado por algunos pensadores -resulta inspirador el escrito After de Fact de Jill Lepore a modo de primera incursión en estos cuestionamientos-. Aunque la investigación científica continúa su propia ruta para la generación de conocimientos y verdades científicas, el ejercicio de las profesiones que operan con esos conocimientos científicos ha cambiado su sistema de validación del conocimiento y de la verdad. Este cambio responde en gran medida a la incorporación de los recursos de internet como elemento de socialización de la verdad. Se ha hecho una traslación que parece ser relevante, se ha cambiado el centro que fundamenta el juicio de verdad, de hechos, como lo hacen las ciencias básicas, a datos.

Y por supuesto podemos preguntarnos por lo que sucede en nuestra mente cuando sustituimos hechos por datos, pregunta que no resulta de ninguna manera ociosa. Esto es, hemos asumido en ciencias que sabemos cómo saber, asunto que implica aceptar que nuestras ciencias a) validan los hechos como evidencias y que b) hemos de aplicar un método específico a esos hechos para posteriormente realizar el juicio de verdad con el que formularemos el discurso de verdad. Aprendemos así una doctrina del conocimiento y la verdad que se basa en hechos y la formulación de preguntas específicas que serán exploradas mediante la aplicación de métodos sobre esos hechos. Pues bien, ¿qué pasa si substituimos los hechos por datos provenientes de internet?

Como primer acercamiento a esta cuestión, exploraremos lo que acontece cuando tomamos datos como si fueran hechos, lo que nos pone en una ruta en la que asumimos la veracidad de esos datos como válidos en nuestra propia experiencia. Esto es todo un cambio de actitud respecto de lo que significa el manejo de la verdad. Es decir, y bajo esta lógica, que nuestras búsquedas en Google convierten a este sistema de búsqueda en una suerte de extensión de nuestra memoria personal. Si bien sabemos que los datos que nos ofrece Google no fueron generados por nuestra experiencia sino por otras personas, esto no parece impedir que se asuman como verdaderos en la esfera personal, ¿por qué?, porque damos por hecho que Google filtra la información y procesa nuestras exploraciones seleccionando bajo su propia inteligencia los conocimientos que concibe que deseamos alcanzar. En otras palabras, piensa por nosotros respecto de la selección de conocimientos y verdades a ofrecer y a nosotros nos toca entonces aceptar que el sistema con el que Google selecciona es una suerte de incorporación o extensión de nuestra propia inteligencia por lo que a nosotros nos correspondería saber formular las preguntas apropiadas. Hemos de adaptarnos al sistema de inteligencia de Google para adoptar así su sistema como parte integral de nuestra propia inteligencia.

Lo que ha cambiado aquí, a diferencia de leer un journal o un libro que contiene información que nos parece pertinente a la indagación que nos traemos entre manos, es que cuando leemos un documento hemos sido nosotros quienes lo han buscado y seleccionado de entre muchos otros y que sabemos a la perfección que no pertenece a nuestra propia mente aunque deseamos inteligir sus contenidos. Pero, cuando delegamos al sistema de búsqueda los criterios de búsqueda y dejamos se sea el sistema quien elija el material dentro del cual nosotros seleccionaremos en segunda instancia, hemos hecho un ejercicio de aceptación de que el sistema de búsqueda de algún modo sabe lo que queremos. Esta valoración es algo que comúnmente hacemos cuando escarbamos en nuestra propia mente en búsqueda de información, es decir, la confianza que tenemos en nuestra propia experiencia y conocimientos así como la veracidad de éstos la depositamos por igual en el sistema de búsqueda de Google como si fuera nuestra propia memoria y sistema de inteligencia. Cuando así lo hacemos, podríamos parafrasear a Descartes y decir: gogleo, luego soy.

Educacion humanista Esta condición de la inteligencia de Google como primera instancia en la búsqueda del conocimiento presenta un problema, nos convierte en incapaces para saber la verdad sobre un hecho. Dado que la información que existe en internet es muy variada y de fuentes tan diversas es claro que los resultados de nuestras búsquedas son de veracidad heterogénea. Pero, si hemos asumido que la inteligencia del buscador es el operador en primera instancia de nuestra búsqueda mental, los hechos desaparecen para obligarnos a asumir la veracidad de los datos y ahí nuestro juicio de verdad se obscurece. Finalmente es el sistema de inteligencia de Google el que arbitra sobre la verdad de los datos por su manejo del consenso social de la verdad a nivel global, y bajo sus propios criterios siendo nuestra mente la segunda instancia aunque operamos con los resultados de la primera. Nosotros operaremos exclusivamente con datos, no con hechos. Puesto así, hemos delegado al sistema de búsqueda el saber conocer. Este es el verdadero desorden epistemológico que hemos creado. Corremos el enorme riesgo de olvidar y caer en una situación en la que podríamos decir que sabíamos cómo conocer pero que ahora ya no. Riesgo que enfrentan nuestros estudiantes. Es decir, operar como primera instancia sobre hechos nos obliga a valorar esos hechos con investigación, discernimiento, juicios de valor y juicios de verdad, pero al convertirnos en segunda instancia y delegar en Google la primera instancia de nuestro pensamiento podemos afirmar ahora que nuestros conocimientos ya no son un saber, sino un Google-saber. Es muy posible que la mayor parte de nuestros conocimientos, o el de nuestros escolares, sea un conocimiento “descargado”, adquirido en línea y no producto de su propia experiencia, equipaje de conocimientos y esfuerzo mental con los hechos que se presentan en su vida. Esta diferencia no es poca cosa puesto que nos convierte en vulnerables en cuanto a nuestro propio pensamiento al llevarnos por propia decisión de delegar al buscador la condición de saber cómo saber. Hoy en día, los estudiantes y muchos profesionales ya no se preocupan por indagar y descubrir nuevos hechos, no les aparece como necesario pues suponen que alguien más lo hizo, subió la información a internet y ahora ellos simplemente los “descargan”. Personalmente, me parece inquietante esta situación en el mundo académico y profesional. Parece irse perdiendo el valor que asignamos al saber cómo saber para dedicarnos a ser operadores de conocimientos más que buscadores de los mismos.

Si nos dejamos arrastrar a la especulación por un momento, o un párrafo al menos, podríamos vislumbrar un futuro cercano en el que las personas ya no saben cómo conocer y confían ciegamente en esa mega-mente de Google y mega-memoria del internet como fuente casi inagotable de datos. Casi como un escenario de ciencia ficción, un tanto terrorífico, en el que llegaríamos a una situación en la que afirmaríamos: gogleo, luego no soy, puesto que más bien habría una sola mente enorme, la del Internet y nosotros como seres humanos seríamos operadores solamente para esa mente. Un sometimiento así, incluso voluntario, sería un desastre. Pero más asusta que lo que vemos hoy es que las personas parecen asumir este camino casi con alegría, y que prefieren ser operadores de la verdad que vive en los datos de internet antes que saber cómo conocer y buscar la generación de nuevos hechos a ser enjuiciados por nuestra propia mente en búsqueda de la verdad.

En suma, queda sobre la mesa una opción relevante y necesaria frente a la enorme riqueza de datos que hay en internet, la obligada decisión de utilizar esa fuente de recursos de datos como un anexo a nuestra memoria pero siendo nosotros mismos quienes operen los criterios bajo el esfuerzo de pensar por nosotros mismos y con nuestra propia inteligencia como primera instancia y no olvidar así el saber cómo saber o, abandonarnos y dejar que sea el internet quien a modo de mega-inteligencia nos sustituya en ese saber cómo saber y olvidarnos de ese saber para convertirnos en… algo distinto a lo que somos actualmente.

Si bien se trata de una decisión, me parece que el motivo que impulsa esa necesaria decisión es la actitud que tengamos frente a nuestros deseos por investigar, ensuciarnos las manos y echar a andar nuestra mente. Por ello creo que mucho del trabajo en el medio educativo tiene que centrarse en favorecer ciertas actitudes frente al conocimiento, a la verdad y a los modos con los que perseguimos y formulamos nuestros discursos de verdad. Eso, tendrá que resultar en un modo de asumir la necesidad de saber cómo saber como parte inherente de la condición humana.

 

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TIC’s y efecto placebo en la educación

arbol No cabe ninguna duda que las TIC’s han venido a resultar toda una revolución en el ámbito de la educación. Se han hecho avances notables no sólo en las cuestiones tecnológicas sino en la manera en la que buscamos, adquirimos y procesamos la información que nos resulte relevante para convertirla en conocimiento. Incluso, nos han puesto en el umbral de nuevos modos de entender no sólo el flujo de información sino la manera en la que socializamos dicha información y el modo en el que socialmente le asignamos valores y sentido, todo esto a través del análisis de redes que ahora es posible realizar en gran escala, con indicadores novedosos e iluminadores.

Sin embargo, no todo es dicha y ventura. Como sucede con todas nuestras invenciones, si bien son desarrolladas con las mejores intenciones, se generan efectos laterales que no siempre son deseados y que en ocasiones resultan hasta sorpresivos. Uno de estas consecuencias insospechadas es lo que llamaré el efecto placebo de las TIC’s en la educación y que tiene que ver con esas confusiones que se generan en torno a la noción de aprender, la apropiación del conocimiento y el uso de información.

Para explicarlo, hemos de atar dos cabos específicos, la revolución en el acceso a la información y la noción del efecto placebo en la medicina.

Para quienes venimos de una formación escolarizada en la que no se contaba con los recursos informáticos de nuestro días, el valor asignado a una frase o a todo un documento al que tuviéramos la suerte de echarle las manos encima, era especial. Se leía y releía hasta agotar las interpretaciones posibles y con ello se le extraía hasta la última gota de información para ser pensada, valorada y clasificada para entonces explorar sus múltiples significados y usos. Eso requería de competencias analíticas y sintéticas específicas. En nuestros días, con los grandes avances en las TIC’s, éstas habilidades no han caído en desuso sino que más bien, a la formación escolarizada se le han añadido nuevas competencias a intencionar como pueden ser las habilidades para buscar en un mar de información, extraer aquella que sea pertinente y relevante a nuestra intención de búsqueda, y operar la extracción y resguardo digital de dicha información para, posteriormente, realizar el ejercicio de análisis y síntesis y si es posible explotar nuestra creatividad al mismo tiempo. Lo que ha venido ser llamado alfabetismo mediático o alfabetismo trans-media como lo señala Scolari y donde se entiende que “la alfabetización mediática tiene como objetivo proporcionar los conocimientos y herramientas críticas para capacitar a los consumidores de medios y fortalecerlos en tanto ciudadanos”. Competencias, en suma, que tienen que ver con el cambio de condiciones en torno al acceso y uso de la información y donde habremos de reconocer que es gracias a las TIC’s que pasamos de escarbar en un desierto donde extraíamos la información a cuentagotas, a tratar de navegar con cierta seguridad en un tsunami de información masiva a través de las distintas herramientas que nos ofrecen las aplicaciones contemporáneas. Transitamos, por así decirlo, del riesgo de morir de sed al riesgo de morir ahogados.

Ahora, tomaremos el concepto del efecto placebo que proviene del ámbito de la salud y haremos una transposición al de la educación para ver si este ejercicio nos arroja cierta luz. En este concepto se distingue la condición de placebo de su efecto. Para el caso, entendemos como placebo a una “sustancia que carece de acción curativa pero produce un efecto terapéutico si el enfermo la toma convencido de que es un medicamento realmente eficaz”, y entenderemos el efecto que causa el placebo como el “resultado o efecto que produce un placebo en el organismo de una persona.” Ahora, si hacemos una paráfrasis para trasladarlo del ámbito de la salud al de la educación, podríamos decir algo como lo siguiente si postulamos a las TIC’s como el placebo: es un recurso tecnológico que carece de acción educativa pero produce un efecto de instrucción si el estudiante la utiliza convencido de que es una forma de educación eficaz. Y el efecto sería: el resultado o efecto que producen las TIC’s en las expectativas de una persona en torno a su educación. Veamos a qué nos conduce este supuesto.

Comenzamos por explorar el problema de pasar de un gotero a una cascada respecto de nuestro acceso a la información, y es que es posible que una de las consecuencias de la abundancia de información sea el hecho de que es medianamente fácil acceder tanto a las preguntas como a las respuestas que deseamos dentro de ese mar de información. Pero, encontrar nuestras propias preguntas formuladas por otros y después encontrar las respuestas generadas por otros no significa que se haya aprendido. Significa solamente que se posee una buena habilidad para buscar y seleccionar información, asunto nada despreciable sin duda. Sin embargo, esto no implica que se haya pensado bajo condición crítica, enfrentado el problema o reflexionado siquiera al respecto, por lo que un aprendizaje y apropiación del conocimiento es, por lo menos, dudoso. Esta singular condición puede generar con facilidad algunas consecuencias que se convierten a mi parecer en los efectos placebo en la educación:

+ Estar informado no equivale a ser instruído y mucho menos educado. Hay una distancia enorme entre accesar la información y seleccionar aquella que es pertinente, y apropiarnos de dicha información para convertirla en conocimiento. El herramental crítico para lograrlo no tiene que ver con la información misma sino con operaciones mentales que deben ser aprendidas y refinadas, que es muy diferente a las habilidades para relacionar la información y procesarla con las nuevas herramientas técnicas. Todo ello, para posteriormente tamizar los nuevos conocimientos con nuestros valores de modo que los podamos introyectar como elementos educativos y formativos de nuestra persona. Dicho de modo simple: informarnos no es educarnos. Y es cierto que no toda información es apropiada como conocimiento, pero cuando así lo deseamos, hemos de aprender a procesar la información por nosotros mismos de modo que nos sea útil. La instrucción que nos ofrecen las TIC’s es provechosa en sentido técnico y muchos de nuestros conocimientos profesionales caen en este rubro, pero algunos conocimientos requieren un proceso más delicado para integrarlos de modo que ofrezcan algo más a nuestra vida, que nos eduquen.

+ Poder discutir con la información recabada no significa ser capaces de explicar nuestras comprensiones y  valoraciones en torno a la misma. Esto viene a cuento porque se ve en el aula una gran capacidad para generar discusiones, asunto que tiene que ver con competencias para sintetizar los enormes volúmenes de información y entonces generar opiniones al respecto. Aquí la cuestión delicada es justamente ésta: generan opiniones. Hemos de considerar que si se cuenta con más información a procesar lo que se pone de relieve es que se requieren competencias críticas muy eficaces para poder llegar a argumentar correctamente una vez realizadas las síntesis y de ese modo generar análisis que tiendan a un discurso de verdad y no a una colección de opiniones generales en torno a la información. Las teorías del discurso y la correcta argumentación provienen no de un ejercicio de alfabetización trans-media (hasta ahora al menos) sino de la alfabetización literaria (la ruta tradicional del ejercicio crítico). De allí que sería un error suponer que un tipo de alfabetización sustituye al otro, más bien el advenimiento de las TIC’s aumenta la complejidad de los procesos educativos y se deberán intencionar ambos modos de alfabetización a manera de un trabajo conjunto donde cada una aportaría su propio juego de competencias.

+ Es fácil confundir el manejo de información con conocimiento. Es común ver la ilusión de aprendizaje y conocimiento que crea el fenómeno de internet. Para muchas personas, lo que existe en internet es simplemente verdad. Y eso, por supuesto es una falacia. No obstante, la ilusión de lograr fácilmente una cierta erudición en torno de ciertos temas es una realidad para muchas personas. Como ejemplo, habiendo muchos de donde escoger, es la tendencia a la vida saludable a través de la nutrición. La gente colecciona lo que encuentra sobre cierta verdura, fruta o semilla y lo atesora como guía nutricional personal. Sin embargo, esto no convierte la información en conocimiento y menos en conocimiento verdadero sobre el cual se puedan hacer jucios de verdad o de valor. Hay, digámoslo así, demasiados “nutriólogos de internet”, tantos como “doctores de internet”, “políticos de internet” y así. Si, es fácil llenar nuestro deseo de saber coleccionando información y opiniones varias pero, finalmente no es saber. Hemos de vencer ese fetiche que quiere hacer aparecer la opinión como un saber y movernos en una dirección que nos lleve tanto a nosotros como a nuestros alumnos de ser consumidores de información a generadores de nuevos conocimientos. Es creo, lo que se desea de profesionistas.

+ No se ve claro de qué manera la alfabetización trans-media pueda contribuir a proporcionar herramientas críticas para procesar la información. Si bien estamos ante un fenómeno más o menos nuevo, y es cierto que dominar las herramientas para procesar imagenes e información son una competencia necesaria en nuestros días, eso no significa que se alcance el nivel de pensamiento crítico. Poder ver un gráfico que muestre una situación dada, así sea a todo color y hecho automáticamente por una aplicación, no significa que se entienda cabalmente la relación entre las variables en juego, muestra quizá la habilidad para utilizar los recursos informáticos y un sentido de diseño pero hasta allí. Para interpretar el gráfico y extraer sus posibles significados dentro de un contexto específico se requiere de un pensamiento más abstracto. La pregunta aquí sería el cómo intencionar dicha forma de pensamiento. Es probable que la alfabetización mediática nos ayude en el para qué queremos procesar la información, es decir, en habilitarnos a un pensamiento concreto y para ello las TIC’s han sido todo un éxito. Pero nosotros desearíamos además intencionar una mayor claridad en el por qué lo hacemos de cierta manera, darle sentido a esa información y alcanzar un pensamiento más abstracto.

Humanismo integral Es muy claro que en muchos ámbitos el uso de simuladores son más que deseables. Basta señalar a modo de ejemplo aquellos para entrenar a médicos en ciertas cirugías, a pilotos para ciertas aeronaves, y muchos más. Son avances enormes que disminuyen los riesgos y acercan al profesional a un mayor dominio de sus técnicas sin poner en riesgo a nadie. Indudablemente los recursos para operar, difundir y manipular la información son una gran ayuda. Pero, la idea es no caer en una lógica en la que se piense el fenómeno educativo sin esos recursos. Sería un error dedicarle más esfuerzo a la forma en lugar de al fondo de aquello que queremos lograr en el fenómeno educativo.

Bien, no quisiera que este escrito se entienda mal, yo mismo soy literalmente fan del uso de las TIC’s y puedo decir que mi aula es abierta a las tecnologías. Al mismo tiempo, sin embargo, me encuentro con situaciones nuevas dentro del aula que me llevan a sospechar de la existencia del efecto placebo de las TIC’s en algunos alumnos -y profesores también- donde puede confundirse con facilidad el manejo de información con aprendizaje y educación, situación que me lleva a ser entonces también un tanto escéptico y prudente en cuanto a su uso. La cuestión es, me parece, encontrar la mediación apropiada, el equilibrio necesario entre nuestras nuevas tecnologías y el sentido de la educación que queremos lograr en nuestros alumnos sin caer en el efecto placebo.

 

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